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Bien está que el Govern haya reaccionado al grito de auxilio de los profesionales agrícolas frente a los estragos que la sequía provoca en el sector primario, sobre todo entre quienes se dedican al cultivo del cereal y el forraje. La Conselleria d?Agricultura, Pesca i Alimentació ha hecho lo correcto al responder a las demandas de los payeses que exigían la declaración de ?sequía meteorológica? en el ámbito agrario de Mallorca y Menorca. Una resolución, la de la consejera Mae de la Concha, que habilitará la articulación de ayudas económicas, a la vez que permitirá a agricultores y ganaderos cobrar el seguro de sus cosechas y obtener incentivos fiscales.

Cambio climático.
La resolución es una medida acertada, pero no deja de ser un apaño a un momento puntual, el de las escasez de precipitaciones que, sin embargo, amenaza con cronificarse. De manera paralela a estas ayudas que sin duda contribuirán a lidiar con la sequía en el corto plazo, el departamento de De la Concha tiene la obligación de mirar más allá del aquí y el ahora y poner en marcha una estrategia de largo recorrido que contemple un plan de inversiones agrarias. Indefectiblemente habrá que implicar al Gobierno de España y sin duda a la Unión Europea, siempre sensible con los perjuicios que el cambio climático provoca a sus ciudadanos. La sequía en las Islas, de hecho, es una de las derivadas más graves para un sector productivo que los peores meses de la pandemia nos recordaron y ?conviene no volver a olvidarlo? que sigue siendo esencial.

Inversiones.
Las inversiones inaplazables pasan por la construcción de numerosas balsas de regadío destinadas al aprovechamiento de aguas regeneradas y necesarias reservas, claves sin duda para la viabilidad de la actividad agraria. No menos importante es mantener un paisaje del que también se beneficia de manera más que notable la industria turística.