Existe un consenso bastante generalizado entre los profesionales de la psicología y la pedagogía sobre la inconveniencia de abrir este inmenso horizonte de posibilidades a los menores de la edad recomendada. | Kee Sebastian

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Fortnite es uno de los videojuegos del segmento Free-to-Play con más fans alrededor del mundo. En concreto, cuenta con más de 350 millones de jugadores, y muchos de esos gamers son menores. No es de extrañar, dado que la edad recomendada de este producto es a partir de 13 años y al hecho de que lleva tiempo causando furor entre los preadolescentes. Asimismo, la inclusión en Fortnite 7 de algunas novedades ligadas al mundo de los OVNI y lo paranormal ha abierto ciertas reticencias, que en verdad recuerdan a los tradicionales reparos frente a este tipo de juegos para los más jóvenes de la casa.

En efecto, esta nueva temporada de Fortnite Capítulo 2, la siete, viene marcada por una invasión alienígena a la cual deben hacer frente los jugadores, sirviéndose de nuevas armas y posibilidades que ponen en guardia a las familias.

Lo cierto es que existe un consenso bastante generalizado entre los profesionales de la psicología y la pedagogía sobre la inconveniencia de abrir este inmenso horizonte de posibilidades que es Fortnite a los niños y niñas menores de la edad recomendada. El argumento básico es el uso y normalización de la violencia, aunque bien es cierto que en su desarrollo no aparece ni gota de sangre.

Otro punto que debe preocupar y ocupar a las familias con hijos pequeños jugadores de Fortnite es la utilización de los chat internos del juego, unas plataformas desde las cuales pueden interactuar con otros jugadores.

No obstante decimos que la edad mínima para jugar al Fortnite es una mera recomendación; lo mismo sucede con las películas que pueden ver en cualquier momento en la infinidad de plataformas digitales que hoy en día tienen a su alcance.

Ya sea jugando a Fortnite o viendo Disney+, lo ideal es que los padres y madres tutoricen esa experiencia digital. Siempre es mejor una atenta supervisión que lamentarse.