Lore Monnig, durante una visita privada a la plaza de toros de Palma el pasado miércoles. | Pere Bota

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Lore Monnig es, posiblemente, la persona estadounidense más aficionada del mundo de los toros. Hace casi 60 años, en 1963, fundó el Club Taurino de Nueva York. Estos días se encuentra en Mallorca invitada por su amiga Bárbara Pons. Nacida en Saint Louis (Missouri), se ha dedicado profesionalmente al mundo de la banca hasta que se jubiló hace unos años. Lore Monnig está recorriendo la Isla en busca de todo lo relacionado con este mundo en localidades como Felanitx, Inca y Muro y ayer no faltó a la primera de las dos corridas programadas en el Coliseo Balear. Por supuesto, hoy repetirá.

¿Cómo comenzó su afición por la tauromaquia?
– Estaba estudiando en París y durante unas vacaciones de Pascua me fui a España. Era un viaje organizado que incluía una corrida de toros. No recuerdo dónde fue, creo que en una localidad pequeña del sur de España.

Es raro que una estadounidense se apasione de tal forma por este mundo ¿no?
– El mundo del toro es un arte global, da igual dónde se nazca. Cuando uno tiene la fortuna de ver una buena corrida, se convierte en un aficionado, porque no se puede ser aficionado a la ópera sin ver ópera, o al ballet sin ver ballet. En Estados Unidos no hay toros bravos; tenemos bovinos comerciales pero hay que entender que el toro bravo es una especie aparte, totalmente distinta. Por ejemplo, no se dan cuenta de que un toro bravo puede matar a una persona. Tengo amigos que, si ven una corrida, se sienten culpables de ver que se han sentido a gusto viendo cómo mataban a un animal, pero insisto en que es fundamental entender ese concepto de lo que significa un toro bravo.

¿Qué es lo que más le atrajo?
– Todo. Los colores, sensaciones, música. Y eso que al principio era un poco reticente a ir a una plaza por no ver morir al toro, pero luego quedé fascinada por todo lo que envuelve a este mundo.

He leído que tenía un novio y se fue a Sanfermines con él.
– Sí, él vivía en Pamplona. Fui, pero no había oído hablar ni de Hemingway ni de su Fiesta.Aparecí    para darle una sorpresa. Fuimos a una corrida y él no pudo soportar que a mí me gustase ver cómo mataban a un animal; se indignó mucho y nos separamos. Perdí a mi novio pero gané la afición por el toro, así que le estoy agradecida.

Hábleme del Club Taurino de Nueva York.
– Lo fundé en 1963. Al principio éramos unos 25 o 30 socios, pero hemos ido creciendo hasta los 125 de la actualidad. Hay algunos más activos que otros porque la gente trabaja, tiene hijos pequeños...Tenemos la suerte de que por Nueva York viene mucha gente del mundo del toro y organizamos tertulias por las que han pasado toreros como Vicente Barrera, Víctor Mendes, José Miguel Arroyo ‘Joselito’ o Luis Francisco Esplá, ganaderos como Samuel Flores o Fermín Bohórquez, así como numerosos    comentaristas y periodistas: Enrique Moreno, Ignacio de Cossío, Miguel Ángel Moncholi o mi amiga Bárbara Pons.

Estados Unidos es un país inmenso. ¿Dónde hay más afición?
– En California y demás estados fronterizos con México, como Arizona, Nuevo México o Texas, hay más aficionados porque tienen más posibilidades de ver espectáculos taurinos.Siendo de Nueva York es mucho más complicado. El Club Taurino de Nueva York se engloba dentro de la Asociación Nacional de Clubs Taurinos de Estados Unidos y nosotros cada año organizamos un congreso. Lo hemos hecho en Almería, Nimes, Logroño, Zaragoza o Madrid y este año será en Calasparra y Murcia.

¿Qué opina de los antitaurinos?
– Es una lástima que no quieran escuchar ni aprender. Y luego muchos comen carne, gambas y se visten con pieles...

¿Se ha puesto alguna vez delante de alguna res brava?
– Alguna vez he toreado al alimón (dos personas cogen cada una un lado del capote) con un becerro y ha sido un auténtico desastre (risas).

¿Tiene algún torero favorito?
– Tengo respeto por todos los que se ponen delante y logran dominar a un animal así.