Manuela de la Vega nos muestra el libro ‘Qué felices éramos y no lo sabíamos’. | Click

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Manuela de la Vega es la hermana mayor de 12 hermanos. A diferencia de estos, sigue soltera y sin compromiso. Vive sola, «aunque nunca estoy sola. Ahora, por ejemplo, han venido a visitarme dos sobrinas mías. En cuanto a los demás, sé que mi padre está muy bien atendido en la casa donde vivió con mi madre hasta que murió, que cada día recibe la visita de uno de sus hijos, que por las noches se queda con él, a dormir, un hermano varón, por lo cual nunca está solo. Encima, como estoy a un par de minutos de su casa, le voy a ver a menudo. Sí, es una buena terapia, tanto para él como para mí, que le vaya a ver con frecuencia. En cuanto a los demás hermanos, los llamo, incluso tenemos un whatsapp, y pienso constantemente en ellos».

Pese a los achaques, de los que se va recuperando, Manuela reconoce que ha vivido años maravillosos. «Sí, los de mi generación hemos tenido la suerte de poder vivir felizmente, disfrutar de la vida, y eso que yo desde los 40 a los 64 he andado de médicos, pero eso no ha impedido que haya sido una mujer muy feliz… Que lo sigo siendo. Porque los años que he vivido con mi familia, también han sido maravillosos».

Vida feliz

Cómo hemos apuntado al principio, Manuela sigue soltera. «¿Por qué…? Pues, sencillamente porque nadie me ha pedido que me casara con él, y como yo no he necesitado de nadie, pues así sigo… Quiero decir que si hubiera encontrado a esa persona, pues igual me hubiera casado con ella. Porque novios tuve… Uno, el que más, me duró tres años. Y ya digo, si no me casé es porque no me lo pidieron».

Pero tampoco pasó nada no casándose, ya que entre amigos, trabajo –ganó oposiciones a la Dirección General de Tráfico, donde trabajó prácticamente toda la vida–, familia, cada vez más numerosa, y fiestas –aquí hace referencia a algunos lugares que solía frecuentar, como la Polka, Club de Mar, Índigo, Joe’s, Gomila en general, etc.–, «he ido pasando una vida muy feliz, con algún que otro achaque, pero feliz».

Alcer y Adiba

Y con el paso del tiempo, y a causa de esos achaques, le dieron la incapacidad laboral. «Y como me aburría sin hacer nada,    me metí en Alcer. Eran tiempos en que apenas se hablaba de esta asociación y de su objetivo: donación de órganos. Y yo me encargué de darla a conocer, sobre todo su obra, destacando allá a donde fuere que donar órganos es importante, pues gracias a ellos se pueden salvar otras vidas. Por ello he de dar las gracias a todas las personas que me ayudaron a promocionar esta asociación, desde tan importantes y mundialmente conocidas como Rafa Nadal, a las más anónimas. ¡Todas contribuyeron…! También, posteriormente, entré en Adiba (Asociación de personas con Diabetes de les Illes Balears), donde estuve quince años. Fueron años en que tenía mucha fuerza para pedir cosas a los políticos en beneficio de estas dos asociaciones, años en los que viajé, hice cursos, conocí gente… Fueron años inolvidables por todo eso…».

Trasplantes y COVID

¿Problemas físicos? Los tuvo, claro. Y aun arrastra algunos de ellos. Pero, dado el optimismo, la fuerza y las ganas de vivir que tiene, los va superando poco a poco. Así, en 1999, le trasplantaron los riñones y el páncreas; en 2020, rechazó los órganos trasplantados, pero cinco meses después fue trasplantada de riñón. Posteriormente, en ese mismo año, tuvo la COVID, por lo que estuvo ingresada durante 29 días, quedándole como secuela una osteoporosis, la cual ha afectado a su movilidad. «Pero ahí sigo, pensando en que todo puede superarse…».

Es más, pese a esos problemas físicos que ha padecido, que no le han quitado el sentido del humor, ni las ganas de ver la vida desde su lado más positivo, Manuela ha tenido tiempo para escribir un    libro fotográfico sobre su numerosa familia, al que ha titulado Qué felices éramos y no lo sabíamos. «Es un libro que he escrito en homenaje a mi madre. Un libro de recuerdos míos y de los años que me han tocado vivir. Años maravillosos, llenos de descubrimientos y de cosas bonitas que nos hacían felices y que a lo mejor no lo sabíamos. Años en que las cosas no iban tan deprisa como ahora, años que compartíamos más.    Años, al menos para mí, con muchos recuerdos, entre ellos… ¡Qué sé yo! En verano, cuando éramos pequeñas, tras regar la terraza de casa, tomábamos juntos pa amb oli. O como antes de irnos a la cama, contábamos cuentos. O cuando mi abuelo nos enseñó a jugar al ajedrez… ¡La de campeonatos que    hacíamos entre los hermanos! O cuando los miércoles nos daban una peseta a cada uno para que fuéramos a comprar chucherías. O cómo mi madre conseguía que doce hermanos siempre fuéramos amigos; doce hermanos, con una libreta cada uno, en la que apuntaba las medicinas que tomábamos y todo lo que tenía que ver con cada uno de nosotros. O cómo viajaba mi padre desde Aranjuez a Valencia en Vespa, y luego tomaba el barco para venir a Palma… ¡Son tantos recuerdos…! Pues bien, con muchas fotografías, de mi familia principalmente, es lo que he querido reflejar a través de sesenta páginas: que hemos vivido años maravillosos y a veces no nos hemos dado cuenta de ello, y que ahora, al recordarlo, vemos que sí, que lo fueron».