La familia Aguiló invita a trasportarse al pasado a través de las antiguas impresiones de su taller.

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Haciendo esquina con la calle Costa y Llobera, con el ajetreo de las Avenidas de Palma de fondo y entre sucursales de multinacionales, símbolo de la globalización, se erige un tesoro de la historia de Mallorca. Un lugar dedicado desde hace un siglo a la impresión del legado cultural de la isla. Hablamos de Nueva Balear, la imprenta mallorquina en activo más antigua y que, a partir del miércoles, abrirá sus puertas al público. Cualquiera podrá viajar en el tiempo a través de las exposiciones de antiguas maquinarias. También se podrán contemplar y comprar sus antiguos carteles del siglo XX, rediseñados, muestra de la sociedad illenca de aquel entonces.

La imprenta rezuma historia. La fundó en 1913 una empresa alemana, dedicada a la impresión de cartas de naipes. Sin embargo, cinco años después, acabaron teniendo numerosas deudas de electricidad. De esta manera, la empresa llegó en 1917 a manos de don Jordi Aguiló Forteza, ingeniero de gas y electricidad y abuelo de Roberto Aguiló. La misma precisión que utilizaban los alemanes para las cartas la mantuvieron en sus posteriores trabajos. Comenzaron a imprimir carteles y envoltorios y no han parado desde entonces. Ni siquiera les detuvo la Guerra Civil. Actualmente, Nueva Balear es la imprenta en activo más antigua de Mallorca, con 109 años.

Fachada de la Imprenta Balear en los años 60.

A Roberto Aguiló los estudios no se le daban bien, por lo con 15 años empezó a trabajar en el negocio familiar. Desde la imprenta, ha sido testigo de la evolución de la sociedad mallorquina hasta que en 2015, con 70 años, se jubiló. Ahora la empresa ha pasado a manos de sus hijos, Belén y Roberto junior, la cuarta generación de la familia. Sin embargo, algo les chirriaba. «Me dolía tener todo este legado histórico y cultural de Mallorca escondido y cogiendo polvo», cuenta Belén.

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La imprenta más antigua de Mallorca abre sus puertas al público
Belén Aguiló y Meg Gage con uno de los carteles rediseñados.

La solución llegó por casualidad, con la visita de uno de sus clientes, el estudio de diseño Stick no Bill. Ambos idearon abrir la mitad del taller, hasta ahora, mero trastero, y exponer al público las máquinas restauradas. El estudio de Meg Gage también ha rediseñado los carteles publicitarios que imprimían a mediados de siglo pasado de compañías de la isla y de lo que fueron los primeros destinos turísticos. Han combinado tradición con pinceladas de estilos Bauhaus y Art Nouveau, hasta conseguir piezas «que te tocan el corazón y te hacen ver la Mallorca de aquel entonces». A partir del miércoles cualquiera podrá viajar en el tiempo y hacerse con uno de los posters, de entre 30 € y 9.995 €. Todo, fruto de casualidades de la historia, que ocurren, sentencia Roberto, cuando Dios se manifiesta de incógnito.