Gabriel pasa muchas horas en la porta de Sant Antoni.

Vivir en la calle desde que te levantas hasta que te acuestas. Vivir sin  un techo, bajo las estrellas. O vivir en un cuchitril… Es donde suelen vivir los olvidados. ¿Que por qué olvidados? Pues porque muchos no tienen documentación y ninguno de ellos vota. Entonces, ¿para qué interesarse por ellos…?

Y encima, le echan de casa...

Uno de estos olvidados, Gabriel Simón, sentado sobre la acera,   junto a la esquina de Porta de Sant Antoni-Sindicat, nos contaba que cuando llegó Pedro Sánchez, en campaña, «aquí, junto a la entrada de la calle –señala el lugar– me acerqué y le pregunté que si cuando fuera presidente se acordaría de nosotros, los pobres… ¿Y sabe lo que me contestó? ¡Esto está hecho! Pues ya ve: los pobres seguimos donde siempre».

Gabriel se pasa gran parte del día en ese lugar, a veces sentado, a veces de pie, a veces tumbado sobre la acera. Nos dice que está durmiendo en una casa abandonada, por detrás de las Avenidas, de la que esta semana le echan, por lo que tendrá que volver a empezar. Pero lo peor es que no tiene ni si quiera una miserable paga. «He ido dos veces a preguntar cómo podía conseguirla a la asistenta social, pero ni caso».

Pero es que hay más…

En la plaza que hay frente a la entrada de la pescadería de la Plaça de l’Olivar, en el quiosco destinado a empresas, emprendedores y entidades para que expongan temporalmente sus productos y servicios, según reza el anuncio de Palma Activa que hay en él, nos encontramos con otros dos sin techo. Uno está tumbado, durmiendo, por donde pasa la gente, que apenas le mira. La otra, pues es una mujer, casi al lado de él, duerme entre un desbarajuste de cartones, prendas de vestir, bolsas de plástico.... Seguramente, si has pasado por allí, los habrás visto. Pues ahí siguen, de día y de noche… ¿Qué puede pasar? Pues que dentro de un rato llegue el policía con la orden de echarlos de ahí… Y los echará. Pero no se resolverá el doble problema –el del sin techo y el de la mala imagen que dan estando donde están por no tener otro lugar…–, que sería encontrarles un techo digno –artículo 47 de la Constitución Española–, puesto que se irán a otra parte, para al cabo de unos días regresar a donde estaban. Porque no es la primera vez que vemos indigentes durmiendo ahí.

Bajo cartón, lona y saco

Xisco, un ciudadano de a pie, a quien le gusta recorrer la ciudad con ojo crítico, nos trae otras dos imágenes que tienen que ver con los invisibles de los que hablamos. En una vemos a una persona tumbada sobre el piso de Los Geranios. A su lado está su silla de ruedas, lo que evidencia que, además de indigente, es minusválido. Pues ahí le tienen... ¿Por qué estará ahí? Pues está claro, ¿no? Porque no tiene otro lugar a donde ir. ¿Que los políticos dicen que hay albergues…? Vale. Pero, o están llenos, por lo cual es necesario habilitar otros, o se está tan mal en ellos que la gente prefiere quedarse en la calle. Por tanto, esos albergues tendrían que revisarse y ver por qué los sin techo los rechazan.

La otra imagen que nos muestra Xisco es la de una caseta, hecha de cartón, saco y lona, en la que vive alguien. Caseta ubicada en un lugar céntrico de Palma. No nos cabe la menor duda de que, quien vive en ella, tampoco vota.   

Podríamos seguir mostrando más gente que vive en la calle, como la mujer rusa que pernocta en un portal, entre cartones, que un día –según nos contó– tuvo un trabajo, que perdió, que luego llegó la pandemia… Y ¡adiós muy buenas! Pero sería perder el tiempo. Lo decimos porque hace años que venimos denunciando casos similares. ¡Pero es que cada vez son más! Gente que anda muy perdida en la vida, sin dinero, salvo el que les da alguien,    que se alimenta de lo que le dan en los comedores sociales y que no tiene ninguna esperanza salvo la de seguir sobreviviendo. Gente que no pertenece a ningún colectivo, chiringuito o lobby protegido por los que mandan, gente completamente abandonada... Gente invisible.