Luis, 53 años, el día que disputó, y ganó, el Olimpia Internacional CIBB senior.

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Luis Vidal es culturista. O físico culturista. O atleta. Como prefiráis. Y lleva en ello alrededor de treinta años. Desde que dejó el fútbol, deporte en el que se inició cuando tenía nueve años, en el Real Madrid, en el que jugó hasta los 21 años, pasando por todas las categorías infantiles y juveniles. «Mi demarcación era la de lateral derecho y conmigo estaban    Cañizares, Aragón, Makeda, Caminero… Luego pasé al Murcia, en 2ª División, de ahí al Toledo, en 2ªB, y lo dejé, aunque no abandoné el deporte, sino que opté por otro más individual, como artes marciales y culturismo, decantándome, finalmente, por este, en el que aún sigo participando, lo que me obliga a entrenar cinco veces a la semana, de hora a hora y media, a seguir haciendo cinco o seis comidas diarias, en las que no entran ni el azúcar ni las grasas transgénicas, como, por ejemplo, bollería, margarina, etc. Y seis meses antes del campeonato, la dieta suele ser, sobre todo, alta en proteínas. El dulce puedo probarlo de tarde en tarde, desde luego, fuera de la preparación del campeonato», explica.

Pero, ¿hasta dónde ha llegado Luis…? Pues a tenor de su palmarés, ha llegado a la cima. Porque, aparte de las numerosas veces que ha sido campeón de España, entre otros títulos, ha conseguido el de campeón de Europa, cuatro veces el de Mr. Universo, tres veces el de campeón del Mundo... ha sido, además, único español ganador del Trofeo Internacional abierto Due Torri 2008 y, hace unos días, ha conseguido el campeonato Olimpia Internacional CIBB para atletas de más de 50 años. Todo ello con la federación NBBUI. «Sin embargo, aunque haya llegado a lo más alto –dice– sigo intentando subir más arriba, ahora como senior, pues tengo 53 años. Y es que en lo nuestro lo difícil no es llegar, que lo es, sino mantenerse».

El sentido común, lo mejor

Luis reconoce que su pareja sentimental, Petra, que es de la República Checa, le está ayudando mucho en su carrera. «Ella, como yo, come sano y lo que yo, pues comemos lo mismo… Aunque ella come menos que yo. Incluso me acompaña cuando hago ejercicio aeróbico, cuando camino o subo y bajo escaleras, que es más efectivo que el andar o que el correr». Él colabora estrechamente con un gimnasio en cuya fachada se ve su imagen, además, casi a diario pisa otros centros donde da clases, por lo cual, a partir de este próximo fin de semana, que es cuando entrarán en vigor las nuevas restricciones, tendrá que presentar el pasaporte COVID allá a donde vaya a trabajar, al mismo tiempo que tendrá que controlar quién lo lleva y quién no de los que van a su gimnasio.

Al oír esto, Luis frunce el ceño. «Parece que es definitivo lo del pasaporte… Ahora bien, tengo muy claras dos cosas: que yo soy deportista y no policía para ir pidiendo a otros una documentación que no me compete. Repito, eso es cosa de la policía. Y por otra parte, me da la impresión de que nos están queriendo vender seguridad a cambio de libertad. No sé… Pero yo prefiero ser león que vive en la sabana, en libertad, a vivir en el zoo o en el circo. Es como lo de usar mascarilla en un gimnasio… Respetando la opinión de quien ordena que eso sea así, sin entrar en si tiene o no conocimiento, o en qué se basa, puedo decir que si yo hubiera utilizado la mascarilla a lo largo de mi vida, jamás habría llegado a donde estoy. Y es que un atleta necesita oxígeno –afirma con rotundidad–. Y en unas circunstancias como estas, sentido común, es decir, sol, vitamina B, auto oxidante, zinc, selenio y NAC (suplemento antioxidante), sobre todo porque dispara las defensas. Gracias a todo eso, en mi vida jamás he tenido ni un simple constipado». A Luis hay que preguntarle por los anabolizantes… «¿Te los tomas?». «Eso pertenece a la privacidad de cada uno, por tanto ha de ser respetado –dice–. Es como lo de la vacuna… Nadie tiene por qué decir si está, o no, vacunado. Allá cada cual con su conciencia».

Para finalizar, dos cosas más. Una de ellas es preguntarle a quién dedica el título conseguido. «A mi padre, Miguel Vidal. Él estuvo siempre a mi lado, apoyándome. Igual que mi madre. Vayan, pues, para ellos mis éxitos». La otra tiene que ver con el campo de fútbol de Consell, el pueblo de su padre. Por lo visto se iba a hacer una encuesta por si le ponían su nombre. Al fin y al cabo, si la gente en el mundo sabe que hay un pueblo en Mallorca que se llama Consell es porque Miguel, allá adonde fue, siempre dijo: «Soy de Consell, Mallorca». Incluso, si tuvo a mano algún mapa, lo señaló. «Soy de aquí, de Consell…», decía con orgullo. Y eso se lo dijo, entre otros, a Nadia Comanecci, Garrincha, Pelé, Johnson, Kubala…

Luis frunce el ceño. «Pues me temo que va a ser que no. Y me sabe mal por mi padre… Y menos mal que él no lo ha visto. Sobre todo no ha visto cómo algunos que se decían amigos suyos no han hecho nada para que el campo llevara su nombre. Pero, ¡allá ellos...!». Como bien dice Luis Vidal para terminar, va a seguir adelante hasta que el cuerpo aguante. Siempre desde lo más alto, mirando hacia arriba.