Josuè Guasch encabeza esta iniciativa que pretende acercar la poesía a la gente. | Xavi Solà

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No es un teléfono de emergencias al uso, pero contestan con la misma diligencia. Una voz descuelga sin identificarse, desliza un escueto ‘bon dia’ y, sin mayor interacción, comienza a recitar un poema. Y sobreviene la felicidad, se te dibuja una sonrisa inesperada, como la que tienen los madridistas desde que Messi hizo las maletas. Decir que tu cara es un poema sería redundante. Pero lo cierto es que no es para menos, al otro extremo del teléfono alguien te está recitando un ‘poema de emergencia’, con su entonación teatral, con sus pausas dramáticas. Es nuestro Hamlet particular. Poesia d’emergència, una iniciativa nacida hace un par de años en Barcelona, ha llegado a la Isla.

Poesía y terapia

Ya hace un mes que circula por aquí, es un servicio poético-terapeútico gratuito al que cualquiera puede llamar. ¿El número? Apunte: 659 861 032. Y no se deje llevar por aquello de ‘emergencia’, puede llamar en mitad de un atasco, en la cola del super o mientras hace el vermut; como si llama de madrugada. Es un teléfono 24 horas activo. «A veces han llamado a las dos de la mañana», explica Josuè Guasch, cabeza visible de este proyecto en la Isla. ¿Y qué hizo?. «Pues levantarme, recomponerme lo más rápido que pude y contestar», apunta en tono jocoso este catalán con un profundo bagaje escénico. Asegura que este proyecto, que en principio se prolongará durante un año, nace con la vocación de «reivindicar y acercar la poesía a la gente».

Antes de recalar en la Isla, donde ha creado su propia compañía –Teatrix– con sede en Inca, y subir a escena «más de 150 montajes al año», Josuè se desenvolvió en la vanguardia teatral catalana. Militó en la compañía Els Joglars, trabajó con Josep Maria Flotats, y compartió cartel con Josep Maria Pou y Ariadna Gil, entre muchos otros. Además gestionó su propia sala, el Teatre de l’Example, y participó en diferentes proyectos cinematográficos, entre ellos uno dirigido por Agustí Villaronga.

Aunque no es poeta, nuestro protagonista es un enamorado de la prosa valiente de Salvat-Papasseit, Rodoreda y otras plumas de la lengua catalana, cuyos textos toma prestados para surtir sus recitales telefónicos. Pero Josuè no es el único en prestar este servicio, «hay como una docena de voluntarios, nos vamos turnando. El número de Poesia d’emergència está conectado a cuatro teléfonos, y te contesta el primero que lo coge». Puede hacerlo en catalán, castellano, inglés o francés, «a mí me han llegado a colgar por recitar en catalán», denuncia. No son pocas las anécdotas a las que se presta este servicio, «una vez llamaron de Vodafone para venderme la moto y se tuvieron que comer con patatas la poesía», remata.