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Construida en 1965 en los Astilleros Bennasar, una empresa de construcción naval artesana fundada en 1882 en el Port d’Alcúdia, la Debarivi fue adquirida por la empresa Excursions a Cabrera, de la familia Serra Ferrer, en 1984. En 2018 vendieron la embarcación y, el pasado viernes, transformada y rebautizada como La Juliana, amarró de nuevo en la Colònia de Sant Jordi.

«Me hacía mucha ilusión que volviese a la Colònia, a su casa, y lo pudiesen visitar aquellas personas que han tenido una vinculación especial con él. Mi objetivo ha sido mantener un barco destinado a desaparecer», aseguró Jose María de Churtichaga, arquitecto madrileño y nuevo armador de la embarcación junto con su mujer y socia, Cayetana de la Quadra-Salcedo. El barco ha sido restaurado durante dos años en los astilleros de Badalona.

Nostalgia y alegría

«Buenos días, vengo a ver la barca en la que navegaba de pequeño», comentó Pedro Joan Vadell, administrador de la gasolinera del puerto. «¿Tú sabes los golpes que le pegamos para hacer estas muescas?», le comentaba Bernat Rigó, mecánico de la Debarivi durante 30 años, a José María señalando las cuadernas de la nave. «Cuando se dejó de utilizar me dio mucha pena, es como un llaüt grande, navegaba de maravilla. Ahora siento nostalgia, pero también alegría de que se haya conservado», expresó David Ligero, jefe de máquinas del Debarivi durante una década.

Por la cubierta de La Juliana desfilaron toda una serie de personas que estuvieron estrechamente ligadas con la golondrina, de 16 metros de eslora, que tenía capacidad para transportar a un centenar de pasajeros más la tripulación.

Palma, Discreto, Bergas
La restauración sorprendió a todos aquellos que trabajaron en el ‘Debarivi’. Ahora, ‘La Juliana’ cuenta con un amplio salón cocina, un moderno cuadro eléctrico, un baño, una ducha, dos camarotes con litera y otro con dos camas. Foto: P.B.

Entre los visitantes se encontraba Sebastià Bennasar Piña, el mestre d’aixa que construyó la nave en 1965: «Está muy bien restaurado. Que hayan conservado la estructura principal, el puente, las cuadernas y los baos resulta muy satisfactorio. Para un mestre d’aixa cada nave es como un hijo, es parte de nuestra vida. Nuestro oficio es artesanal y, durante un tiempo, te dedicas minuto a minuto a su construcción», declaró el carpintero de Ribera. Retirado tras medio siglo como maestro artesano, se vio obligado a cerrar los astilleros que fundó su bisabuelo, «el poliéster ha ganado la partida». Ahora bien, siempre hay un rayo de esperanza: su nieto Marc Nicolau lo acompañó a ver la nave y aseguró que quiere continuar sus pasos y convertirse en un maestro artesano.

En su restauración, el barco ha conservado el casco y la estructura principal. El interior de la nave es lo que ha cambiado por completo: las filas de asientos que transportaban a los turistas hasta Cabrera han desaparecido y en su lugar se ha construido un barco abierto y confortable, muy mediterráneo. La Juliana cuenta con un amplio salón con cocina, tres camarotes –dos con literas y otro con dos espaciosas camas–, además de un baño y una ducha. Larga vida a La Juliana, una embarcación única y con espíritu balear, que emprende una nueva etapa para hacer chárter.