A su llegada, lo primero que ven los cruceristas es la Seu, donde aprovecharon para tomarse fotografías. | P.Bota/T.Ayuga

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El puerto de Palma recibió este martes la primera visita de un megacrucero con escalas internacionales desde la irrupción de la pandemia. Con 3.346 pasajeros a bordo, la mitad de su capacidad, el Costa Smeralda, de Costa Crociere, atracó a las 7 de la mañana en el Dique del Oeste.

De todo el pasaje, compuesto en su mayoría por italianos además de franceses, españoles y algún alemán, 2.350 personas desembarcaron en la Isla y escogieron entre varias salidas: un paseo por Sóller, una visita a las Coves del Drach, un recorrido por Palma, un día de playa en Palmanova, donde disponían de una zona apartada con hamacas, o una vuelta en catamarán por la zona de Delta.

Divididos en grupos burbuja de unas 30 personas, los cruceristas no podían abandonar su pelotón y solo podían acceder a unos pocos comercios, estipulados e inspeccionados con anterioridad. Aunque estuviesen vacunados, tanto guías como chóferes se sometieron a una prueba de antígenos.

A las nueve de la mañana, algunos autocares pusieron rumbo a la Escollera. Con sus cámaras fotográficas al cuello y agitando sus abanicos, lo primero que observaron los visitantes fue la Seu. Pasando por s’Hort del Rei, se dirigieron a la plaza de Cort. Tras conocer su historia, los grupos accedieron al museo Pearl Art, de Perlas Majorica, uno de los negocios a los que podían acceder con libertad. «Tampoco ha sido gran cosa. No tienen mucho tiempo y van unos detrás de otros. Al ser el primero, es difícil de evaluar. Veremos en un par de semanas», valoró el encargado de Pearl Art, Toni Oliver.

Los cruceristas visitaron también el interior de la catedral. Bañados por la luz de los vitrales, conocieron la Seu en profundidad y, tras inmortalizar sus rincones y reliquias, accedieron a la tienda, a la salida del templo. «Hoy se ha animado un poco con los cruceristas, que se decantan por los productos típicos de la Isla, pero no tiene nada que ver con el pasado», expresó Lucía Parabán, dependienta del comercio. Antes de conocer los exteriores del Castell de Bellver, la última parada de la excursión en Palma, visitaron también el restaurante de tapas Beewi.

Con todo el pasaje a bordo, el Costa Smeralda levó anclas a las 18.30 horas y puso rumbo a Messina. Está previsto que el crucero recale en la Isla todos los martes.

Palma, Discreto, Bergas

Impacto mínimo en el pequeño comercio

Si deseaban entrar en algún otro local distinto a los acordados, los cruceristas debían pedirle permiso a su cicerone, encargado de valorar el riesgo y dar su beneplácito. «Por el momento, la llegada de estos cruceros no sirve de mucho para los pequeños comercios del centro de Palma. Llegas por la mañana y ves mucha gente, pero cuando no entra nadie es una desilusión», declaró Maria Payeras, propietaria de Planet Bee, una tienda especializada en decoración y juguetes infantiles.