Mientras limpian los habitáculos, los canes de Son Batlet disfrutan de los patios. | Pere Bergas

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Con los avances en la vacunación muchos residentes se sienten seguros y vuelven a viajar; las guarderías de mascotas vislumbran la luz al final del túnel: esta ha sido una temporada muy dura para estos negocios, que requieren de los desplazamientos para sobrevivir.

«Lo más duro ha sido prescindir de buenos trabajadores», afirma la veterinaria y etóloga canina Eva Maria Borràs, propietaria de la guardería de Son Batlet, situada en Sencelles, en el camí de s’Era Esfondrada. Borràs explica que los perros deben estar con todos los papeles en regla y nunca se juntan con otros canes, a no ser de que el dueño diga lo contrario. «Aunque nosotros hagamos todo lo posible para que estén bien, aquí hay un nivel de estrés alto: no es su casa, no nos conocen, se rompe su rutina, etc. Ahora bien, todo este estrés se rebaja cuando vienen por segunda o tercera vez y el lugar no les resulta tan extraño».

Asimismo, Son Batlet ofrece un servicio de incineración: «Cuando un animal fallecía en la clínica donde antes trabajaba, la gente expresaba la necesidad de tener una solución que fuese más allá de tirarlos a la basura o enterrarlos en casa», señala Borràs.

Palma, Discreto, Guarderías
Viviana Bellini y su sobrino Aldairo con dos de los perros que guardan en estos momentos.

A pocos kilómetros, en Algaida, en el Camí de Son Lluc, se encuentra la residencia canina y felina Von Falkenau, abierta 21 años atrás. «Ahora la gente llama con poca antelación. Antes todo estaba más planificado y los viajes eran más largos», apunta Martina Beckert, propietaria de la guardería.

Guardería y refugio

También accesible desde la carretera vieja de Sineu, en la urbanización de Son Orlandis, entre Son Ferriol y s’Hostalot, se encuentra El Arka de Tia Vivi, una guardería con un concepto diferente. La uruguaya Viviana Bellini, junto a su sobrino Aldairo, es quien regenta la guardería, que además es un refugio para animales abandonados.

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Martina Beckert posa entre las jaulas de la residencia canina y felina de Von Falkenau.

«Nos apoyamos en el servicio de guardería y de paseo para recaudar fondos para rescatar y mantener perros abandonados o que no pueden estar más tiempo en la perrera», indica Bellini, que asegura que a partir de la pandemia ha percibido un aumento en el abandono de perros ancianos. «El mantenimiento médico de un perro mayor es muy costoso. Muchas familias no pueden hacerse cargo de los gastos veterinarios». En El Arka de Tia Vivi los animales que guarda no se encuentran enjaulados, sino que pasean entre el interior de la casa y la terraza, donde pueden disfrutar de una pequeña piscina. Resulta imprescindible que sean sociables y estén desparasitados.

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'Rocco' es el perro de Vivi, uno de los motivos por los que comenzó su proyecto.