Miquel Ramis conoce el taller 'Es Moline', ubicado en Sant Jordi, casi mejor que su propia casa. | Pilar Pellicer

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Miquel Ramis Bordoy (Palma, 1974) lleva 30 años reparando molinos, una de las señas de identidad de Mallorca, aunque no pasen precisamente por su mejor momento. Su esfuerzo, que se puede denominar como ‘quijotesco’, le ha valido ser el ganador en la categoría de Madera de uno de los Premios de las Artes de la Construcción. «El premio no es para mí, sino que es para los molinos de Mallorca», comentaba ayer tan contento como cansado, ya que apenas ha dormido en los dos últimos días porque ha estado montando medio molino en el Ajuntamiento de Madrid con motivo de la exposición.

Ramis tenía muy claro desde que era muy pequeño que los molinos iban a ser parte de su vida. Ya de niño se entretenía en el taller de Sant Jordi donde trabajaban su abuelo y su padre, de los que aprendió el oficio. «Hice un curso que organizó el Consell de Mallorca para intentar que se recuperara el trabajo en los molinos, que se estaba perdiendo, pero de todos los que lo hicimos yo fui el único que continuó».

En Mallorca existen más de 3.000 molinos y casi la mitad se encuentran en el Pla de Sant Jordi. Ramis asegura que tiene trabajo para todo el año, pero no siempre ha sido así. «Ha habido épocas muy difíciles. La mayoría de los trabajos que hago son de restauración, pero en plan decorativo; no hay muchos particulares que pidan que vuelvan a funcionar. Sí que hay algunos en uso en hoteles y agroturismos y en algunas fincas grandes como s’Avall, que restauré y que además es de los que funcionan».

Ramis asegura que «la única opción que hay para mantenerlos es darles una utilidad. Por ejemplo, en el Pla de Sant Jordi el problema es que están construidos para sacar agua y no lo hacen. Se han canalizado los regadíos y con la depuradora es muy fácil soltar una válvula para tener agua. Además, se añade el problema del nivel freático del agua. No sacamos agua con los molinos y como consecuencia tenemos problemas de mosquitos, no podemos sembrar porque está anegado... Otra cosa muy importante es el mantenimiento. Antes, el payés lo cuidaba, pero ahora ¿quién lo haría?

Miquel tiene un empleado porque hay muchas ocasiones en las que se manejan piezas de mucho volumen, y sobre todo peso, en el caso de las de hierro, que deben ser llevadas a cuatro manos.

A pesar de las dificultades, no pierde el optimismo, aunque reconoce que «me cuesta más encontrar a un propietario que quiera reparar su molino que el trabajo en sí».

Con el dinero del galardón, 10.000 euros sin descontar el ‘pico’ de Hacienda, ya sabe qué hará. «Los disfrutaremos en familia con un viaje, lo más seguro. Mis hijos lo tuvieron muy claro desde que se enteraron del premio».

Reconocimiento a nivel nacional

Los Premios de las Artes de la Construcción, que se entregarán el 3 de junio en Madrid, nacen de la pasión por la arquitectura de España del filántropo norteamericano Richard H. Driehaus, recientemente fallecido. Los otros galardonados han sido Jordi Domènech, quien desde El Masnou, en Barcelona, es uno de los principales continuadores y promotores de la técnica conocida como bóveda catalana; el maestro herrero Santiago Martínez Otero, por su trabajo en la Catedral de Santiago; y la barcelonesa Cristina Thió, por su contribución durante treinta años a proteger el patrimonio catalán.