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La nave OSIRIS-REx iniciará este lunes su regreso a la Tierra con «la primera muestra» que se recoge de un asteroide, sesenta gramos de la masa de Bennu que pueden dar pistas sobre la formación de los océanos y el Sistema Solar, explicó el experto de la NASA Gerónimo Villanueva.

Esta nave no tripulada partió de Cabo Cañaveral (Florida, EE.UU.) en 2016 con rumbo a Bennu, empezó a orbitarlo en 2018 y en cuestión de segundos «tocó tierra» y recogió la muestra en 2020.

Después la nave continuó dando vueltas al asteroide hasta hoy mismo, cuando se espera que inicie un largo viaje a la Tierra que concluirá en 2023. «Hoy prendemos los motores y nos alejamos del asteroide y empezamos el camino de regreso a la Tierra», manifestó emocionado Villanueva, astrónomo de origen argentino que trabaja en el Centro Espacial Goddard de la agencia estadounidense NASA.

Hacia las 20.16 GMT, la sala de control OSIRIS-REx en Littleton (Colorado, EE.UU.) recibirá una confirmación de que la nave espacial encendió sus propulsores para alejarse de la órbita de Bennu, unos dieciséis minutos después de que haya sucedido debido al retraso en las comunicaciones.

El asteroide Bennu, dijo Villanueva, «es una cápsula del tiempo, de 4.500 millones de años», y el análisis de sus condiciones, de la cantidad de agua que tenía esa zona del Sistema Solar, ayudará a «entender cómo se forma nuestro propio planeta».

A partir de hoy la comunidad científica estará ansiosa de recibir la muestra de unos sesenta gramos, de la que se piensa guardar un 75 % para los investigadores del futuro.
Los científicos tendrán que esperar unos dos años y medio hasta que la cápsula con el preciado material descienda en septiembre de 2023 con la ayuda de paracaídas en el desierto en Utah, si supera con éxito varios desafíos de la trayectoria.

SALIR DE ÓRBITA A GRAN VELOCIDAD
Villanueva subrayó que un primer reto, que demanda mucha precisión, será salir hoy de la órbita de Bennu a toda velocidad y hacerlo adecuadamente, teniendo en cuenta dónde estará el planeta Tierra en 2023.

«Estamos dando vueltas alrededor de Bennu y tiene que salir disparado en la dirección correcta y la velocidad correcta para encontrarse con la Tierra en dos años», precisó.
Los propulsores de la nave deben cambiar su velocidad a 958 kilómetros por hora para que la trayectoria de OSIRIS-REx se cruce con la Tierra y sea un éxito.

La nave, añadió el astrónomo, además tendrá que dar la vuelta al Sol dos veces, cubriendo 2.300 millones de kilómetros durante dos años y medio para alcanzar la Tierra.
El científico explicó que la salida de órbita es tan crucial en esta misión como lo fue alcanzar la órbita de Bennu en 2018. «Esto es como una bala que viene a altísima velocidad y tiene que desacelerar y estar en órbita», recordó.

BENNU, UN ASTEROIDE CLAVE
Hay más de un millón de asteroides conocidos en el Sistema Solar, pero Bennu es el candidato ideal para un estudio más detenido debido a su tamaño, composición y su proximidad a la Tierra, según la NASA.

El astrónomo indicó que los asteroides son interesantes porque están cerca entre la Tierra y Marte y que Bennu en particular lo es más porque se presume que tiene mucho material orgánico, a juzgar por su color oscuro. «Ese color es porque es carbonoso y es un tipo particular de asteroides que nos habla mucho de la posibilidad de que tengan los elementos primordiales del origen del Sistema Solar», precisó Villanueva.

Además de las muestras, señaló, también hay material fotográfico tomado desde la órbita que ayudará a entender la topografía de la superficie del asteroide y cómo el sol impacta el comportamiento de esos cuerpos. «Nunca nos imaginamos, pensábamos que íbamos a encontrar una superficie como lunar, el polvillo, pero es una superficie con grandes bloque de piedra y además está como largando (desprendiendo) piedras constantemente de su superficie, lo cual es impactante», manifestó.

A diferencia de las misiones que buscan vida en Marte, detalló que la idea en este asteroide fue buscar «los elementos fundamentales del Sistema Solar y también entender cómo se mueven los asteroides». «Estamos tratando de entender de dónde vienen los océanos de nuestro planeta y también el origen de la vida en nuestro planeta (...), qué tan única es la vida y el agua», agregó Villanueva.

UNA MUESTRA SUFICIENTE PARA EL MUNDO
Sobre la recogida de muestras, Villanueva dijo que fue cuestión de segundos porque debieron usar la energía del aterrizaje para el mismo despegue, es «tocar e irse».
Sin embargo, fue tiempo suficiente para superar el objetivo de juntar sesenta gramos de material, lo que es «un montón» y que irá a partir de 2023 a científicos de Estados Unidos, Canadá y Japón, entre otros países. «Tenemos instrumentación tan poderosa que, con sesenta gramos, lo podemos dividir entre sesenta equipos y podemos sacar millones de mediciones», precisó.

Explicó que históricamente se recogen miligramos de un objeto del espacio y que en esta ocasión incluso se cree que hay hasta un kilogramo, del cual se va a «preservar la mayoría para el futuro, para próximas generaciones».

La idea es que en cincuenta años habrá mejores instrumentos y seguir así el modelo de las muestras tomadas en la Luna hace más de medio siglo, que hoy se analizan con instrumentos que ni «imaginábamos», resaltó Villanueva.