Esteban Iglesias en el interior este céntrico comercio de la calle del Baró de Santa Maria del Sepulcre de Palma, que tomó prestado su nombre de un famoso disco del artista argentino Charly García, considerado por la crítica como uno de los mejores álbumes de rock de la historia. | Teresa Ayuga

Si ha visto la película Alta fidelidad, recordará a un dubitativo John Cusack en chaqueta holgada, reorganizando su ingente catálogo musical cada vez que sufría un batacazo sentimental.

Adorador del vinilo, prefería la muerte antes que vender una copia de alguna joya a quien, a su juicio, no fuese digno depositario de tan sublime tesoro. Esteban Iglesias profesa una religión: los discos de vinilo. Además de coleccionarlos, tiene una tienda dedicada al primitivo soporte sonoro: Modern Clix. Y aquí acaba todo parecido con el siempre electrocutable personaje caracterizado por John Cusack.

Soul, jazz y hip hop

Cuando se accede a la tienda que regenta en el centro de Palma junto a sus socios Facundo Pereira y Sebastián Palacios, lo primero que llama la atención es el orden, casi castrense, que reina entre las estanterías. Lo segundo no se ve, se escucha. Y no es un tema baladí, porque si hay un sitio donde es imperativo sentar cátedra con una setlist acertada, es este. Esteban es consciente. Y su setlist no deja indiferente, es un fiel reflejo de aquello que surte sus estanterías, en las que discos de rock conviven pacíficamente con vinilos de maestros del jazz como John Coltrane o Miles Davis. «Miles tiene un fetiche brutal con Mallorca, en general creo que el jazz es la música de la Isla», señala Iglesias, que sitúa los hábitos de consumo del mallorquín en torno a la música negra: «Lo que más sale es soul, jazz y hip hop, pero también rock. Por ejemplo, el otro día un señor se llevó 450 euros en discos de The Cure».

Argentino de nacimiento, Esteban tiene un idilio con la Isla, donde ya ha montando varios negocios. Desde una perspectiva romántica lleva un estilo de vida envidiable, al menos para quienes crecimos valorando la cultura pop por encima de las habilidades atléticas.

Discreción

Y es que trabajar en aquello que te apasiona es una delicatessen al alcance de pocos. Confiesa que lo primordial en su negocio es la discreción. «Cuando entra alguien le explico cómo está posicionada la música y no le molesto más. Al melómano no hay que estarle encima, viene a estar en su mundo». Esteban sintió la llamada de la música siendo apenas un chaval: «Empecé con el rock, mi primer CD fue de Led Zeppelin. Después descubrí el pop, el jazz y el tango, y ahora estoy con el funk y el soul de los 70, aunque también incursioné en el flamenco y el drum’n’bass». Su bagaje es tan transversal como el volumen de géneros que conviven en su ‘boutique vinílica’.

Puede que a más de uno le sorprenda, pero en plena era de Internet el disco es el soporte más fuerte. El año pasado, por primera vez en la historia, se vendieron más vinilos que cedés. Iglesias nos explica el motivo: «El vinilo propicia el mejor sonido, más incluso que el cedé».

Además de vinilos, Modern Clix reserva un espacio para la venta de equipos musicales, que el cliente podrá probar antes de comprar; también existe una zona para DJ’s con música electrónica y un montón de accesorios.

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