Monitores y entidades sociales trabajan a pie de calle con los más jóvenes para crear comunidad. | T. Ayuga / P. Pellicer

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Ser uno más para ganarse la confianza de niños, adolescentes y padres. Esa es la ardua tarea que le encomendaron en diciembre a Sebastià Pizà, integrador social de la Fundación Patronat Obrer, para sentar las bases de un proyecto comunitario de larga duración, dirigido a los más jóvenes de los barrios Nou Llevant y La Soledat.

Para lograrlo lleva meses tomando el pulso a los vecinos de estas barriadas periféricas y frecuentando los «puntos calientes» donde los más jóvenes se reúnen. «Te presentas en los descansos de las escuelas o a la salida de clase, buscas los lugares de encuentro, normalmente plazas o parques, y les explicas lo que pretendes hacer. La respuesta es muy positiva casi siempre; otras, las menos, te piden de mejor o peor manera que te largues», señala el integrador social.

La idea era conocer la zona y sus gentes para luego ofrecer alternativas gratuitas de ocio saludable a los más jóvenes, luchar contra el absentismo escolar en primaria y secundaria y evitar que los menores pasen demasiado tiempo solos, sin control parental, como habían detectado esta entidad y los servicios sociales de la zona. El resultado está siendo positivo. Pizà y sus compañeros ya han conseguido reunir todas las tardes a un nutrido grupo de chavales en el parque Wifi, atraídos por el deporte.

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Parque Wifi. Aina Balle, educadora social, con una niña del programa ‘Joves del barri’.

«Los padres de estos niños no pueden permitirse pagarles clases o matrículas en según qué actividades deportivas, pero si les ofreces una opción gratuita, los chavales se lanzan. Solo les exijo tres cosas: nada de violencia ni insultos en el campo y, por supuesto, no pueden consumir ningún tipo de sustancia ilegal. Lo mejor es que cumplen a rajatabla. Y este grupo es un crisol de culturas. Hay chavales de etnia gitana, africanos, latinos, pero se respetan», agrega orgulloso Pizà.

«En estos ‘barrios dormitorio’ los padres trabajan muchas horas y muchos no pueden implicarse en la educación de sus hijos, por lo que estos tienden a autogestionar su tiempo a solas, normalmente en la calle, o en casa, delante de una pantalla; mientras que los espacios verdes son mínimos, están degradados y las pocas actividades que se ofertaban en el barrio no están estructuradas», señala Llúcia Carreras, gerente de Patronat Obrer, sobre el diagnóstico de esta zona y los proyectos que se están poniendo en pie mediante un trabajo en red que incluye a los servicios sociales, escuelas, policías de barrio y centros de salud.

Por su parte, Ana Rodríguez, coordinadora de proyectos de la entidad, recuerda que «es una iniciativa viva, con la mirada puesta en los cambios que está viviendo Nou Llevant, y el proceso de gentrificación, lento pero continuado, en el que está inmersa la barriada».

Esta iniciativa nace de un acuerdo firmado a finales del año pasado entre el área de Benestar Social del Consistorio palmesano con ocho entidades del tercer sector, como esta fundación, por valor de más de un millón de euros y una duración de cuatro años, prorrogables otros cuatro más. El objetivo pasa por dar continuidad al trabajo comunitario con jóvenes y niños de las barriadas palmesanas y, al mismo tiempo, dar estabilidad a las entidades, que ya no dependerán de subvenciones anuales, lo que les permite contratar a más personal especializado y crear proyectos de calado.

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Factor D. El monitor, Raúl Ruedas, con Kristel Bautista, Lourdes Cajal, Nayara Sintes y Alana Lucena

Como apunta Catalina Trobat, coordinadora de esta área municipal, «estos proyectos no son importantes, son imprescindibles. Se trata de dar forma a espacios de prevención: crean tejido y posibilitan la cohesión social, la única manera de evitar la exclusión social».

Vinculación

«Nos preguntan por recursos de apoyo escolar; alguno de los chicos ha sido diagnosticado con trastorno por déficit de atención (TDA) y sus padres no saben dónde acudir; otras familias nos confiesan que llevan un año en ERTE o en paro y lo están pasando mal. A veces hemos repartido piezas de fruta para merendar y en una ocasión detectamos que un chaval se las guardaba, luego nos confesó que lo hacía para repartir en casa. Poquito a poco estamos consiguiendo nuestro propósito: ser uno más en el barrio, que sepan que estamos ahí, que pueden contar con nosotros» recalca Sebastià Pizà, que comienza a notar cómo nace un vínculo con muchos de estos chicos y sus familias.

Igual de contento está Raúl Ruedas, monitor del taller Factor D, otra de las actividades que oferta Patronat Obrer, esta vez en el Casal de Barri de Nou Llevant. Imparte clases de baile a chavales interesados en la danza, y ya tiene lista de espera. «Es positivo contar con un programa duradero, permite a los participantes desarrollar su pasión, incluso soñar con competir». Eso es lo que está valorando el grupo formado por Lourdes, Nayara, Kristel y Alana, unas chicas de entre 14 y 15 años, amantes del baile. «Somos amigas desde el colegio, pero ahora en el instituto no todas coincidimos en el mismo centro, y estas clases nos mantienen unidas», aseguran.

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Patronat Obrer. El equipo de la fundación que trabaja en Nou Llevant y La Soledat: Llúcia Carreras, Sebastià Pizà, Ana Rodríguez y Aina Balle.

A la espera de que se alivien las restricciones de la COVID-19, los responsables de Patronat Obrer preparan talleres de habilidades sociales para jóvenes, trabajan en la gestión del campo de fútbol del parque Wifi y estudian la puesta en marcha del programa ‘tic tac’, que pretende ser un grupo de apoyo para padres y para organizar actividades dirigidas a las familias. «Son acciones encaminadas a la convivencia y a la integración social de la comunidad», recalca Llúcia Carreras, gerente de Patronat Obrer.

Siete barrios

La cooperativa Jovent lleva años trabajando en proyectos comunitarios, pero con este acuerdo singular firmado con el Ajuntament de Palma han ampliado su plantilla para abarcar iniciativas junto al centro de servicios sociales (CMSS Est) en la corona este de Ciutat, que incluye las barriadas de Sa Indioteria, Son Cladera, Rafal Vell, Rafal Nou, Verge de Lluc, Son Rullan y el Vivero.

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El equipo de Jovent y del Centre Municipal de Serveis Socials Est: Marta Ferrer, Aitor Ruano, Iratxe Brenes, Isabel Cortada, Carlota Socias, Laura Álvarez y Andreu Cloquell.

«En esta zona viven 47.000 personas, de las cuales 7.343 son menores de 16 años. Según datos de 2019, hay 986 casos activos en los servicios sociales, atienden a 2.600 usuarios y se han concedido 1.500 prestaciones. Los datos de vulnerabilidad saltan a la vista», resume Andreu Cloquell, director de proyectos comunitarios de Jovent.

En este sentido, Carlota Socias, coordinadora de proyectos, aclara que es de suma importancia conocer los barrios y sus gentes para generar proyectos acordes a las necesidades de las barriadas: «De este análisis, por ejemplo, ha surgido la idea de impartir unas sesiones de competencia digital en temas del ámbito educativo para padres. Detectamos que a muchos progenitores les dieron durante el confinamiento un ordenador y conexión a internet para ayudar a sus hijos con las clases, pero ni siquiera supieron cómo acceder a las plataformas de los centros», explica Socias.

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Taller de radio. Un grupo de chavales aprende los entresijos del medio en esta actividad de Jovent.

Incide también en la importancia de poner en marcha proyectos de ocio preventivo y talleres socieducativos dirigidos a jóvenes, especialmente en la barriada de Son Cladera, vacía de actividades ahora mismo. «Nos hemos topado con un muro de miedo al coronavirus que hace que muchas familias no participen porque temen contagiarse. La gente recibe tal sobreinformación, que hemos solicitado ayuda al personal InfoCovid para impartir un par de charlas sobre el tema», apunta la coordinadora de Jovent.