La menorquina Laura Mascaró con su hijo Víctor de 4 años. | R.D.

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A la hora de aprender, no todo son libros de texto, papel y lápiz. Ni siquiera hace falta un aula. Para entre 2.000 y 4.000 menores de todo el país, la frontera entre su casa y la sala de estudio no existe. Es el caso de Damián y Víctor, de 15 y 4 años respectivamente, los hijos de la abogada menorquina Laura Mascaró, una de las más veteranas defensoras del homeschooling, una opción educativa en la que se asume el aprendizaje en el contexto familiar.

No cogen el bus escolar como muchos niños ni comparten pupitre, pero aprenden la historia del siglo XX, el imperio romano o la Edad Media organizando ciclos de cine temáticos y coloquios posteriores con su padre; conocen estilos arquitectónicos visitando in situ ejemplos famosos y estudian Física o Química con estudiantes contactados por sus progenitores a través de experimentos y explicaciones verbales, como si estuviesen en un laboratorio, sin necesidad de libros o apuntes.

«En casa no separamos el aprendizaje del resto del día. No hay diferencia entre un lunes y un sábado, tenemos las mismas rutinas. ¿Vivimos como si estuviésemos en unas vacaciones perpetuas? Puede que sí. Pero mis hijos no pierden la curiosidad. Siempre tratamos de encontrar fórmulas para que aprendan. Y si no dominamos la materia, buscamos ayuda de otras personas o investigamos el tema», señala Mascaró sobre su método.

Miedo al contagio

Ante el inminente regreso a las aulas en septiembre y el debate creciente en torno a la presencialidad en los colegios, muchos padres y madres estudian modelos educativos distintos que se adapten a la situación provocada por la pandemia del coronavirus. Educar en casa suena raro a mucha gente, pero este tipo de educación está regulada en países como Francia, Dinamarca o Portugal, y lleva años practicándose en España, pero se trata, sin embargo, de una opción alegal, lo cual mantiene en suspense a estas familias.

Al no estar reglada, puede ser motivo de denuncia. Lo dejó muy claro la semana pasada en rueda de prensa la presidenta del Govern, Francina Armengol, cuando le preguntaron sobre la posibilidad de que muchos niños no volvieran a clase este curso por miedo a posibles contagios: «En España la escolarización es obligatoria». ¿Fin del debate?

«Hay pocos casos de familias a las que un tribunal haya obligado a escolarizar a sus hijos. La mayoría de denuncias se archivan una vez que la Fiscalía comprueba que no hay abandono», señala Laura Mascaró, que no está segura de desear que se legalice en España este modelo de educación porque vendría acompañado de requisitos y controles. «Es lo contrario a lo que buscamos muchos padres, educar libremente. Lo que queremos es que no se nos persiga como a delincuentes».

En este sentido, Sara García, miembro de la Asociación por la Libre Educación (ALE), que tiene una niña de nueve años que siempre ha estudiado en casa, recuerda que «el sistema debería ver la educación en casa como un regalo. No consumimos recursos, bajamos los ratios y preparamos bien a nuestros hijos».

Muchas familias comienzan a educar en casa porque no están de acuerdo con la forma de enseñar en los colegios, los altos ratios en el aula y el poco tiempo que se dedica a los menores; otros porque sus hijos han sufrido bullying, porque tienen necesidades especiales o porque sufren Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDH).

En el caso de Mascaró, un conflicto en la escuela que no se resolvió adecuadamente le hizo tomar la decisión de sacar a su primogénito de clase cuando tenía 4 años y convertirse en madre, abogada y docente: «Dejé de participar en juicios, solo cogía casos en los que el móvil y el ordenador eran suficientes. Fue un poco locura, pero funcionó. Y cuando tuve al segundo, no dudé en hacer lo mismo», apuntilla la abogada.

Salidas para 'homeschoolers'

Azucena Caballero es otra veterana defensora de educar en casa. Lo ha hecho con sus tres hijos y está muy orgullosa del resultado. Los dos mayores, Yvain y Tristán, de 24 y 19 años respectivamente, estudian la carrera de Piano en uno de los conservatorios más prestigiosos de Londres, mientras que la pequeña, Ginebra, de 14, sigue formándose a su ritmo, en casa.

Yvain y Tristán, los hijos mayores de Azucena Caballero, ahora estudian la carrera de Piano en Londres.

«El mayor estuvo un año en el colegio y nos dimos cuenta de que dejábamos en clase a un chico muy positivo y confiado y nos devolvían a uno lleno de miedos. Mi marido y yo no deseábamos eso y tomamos la decisión conjunta de educarle por nuestra cuenta. Y así lo hemos hecho con el resto. A base de proyectos, de dejarles elegir qué materias les interesaban más, apoyarnos en internet, que por entonces no ofrecía ni por asomo las posibilidades que hay hoy en día, participar en las extraescolares que ellos deseaban, y así hemos llegado hasta hoy», explica Caballero, que destaca el número de peticiones de información que ha recibido por internet por parte de padres preocupados sobre el futuro y que ahora ven el homeschooling como una opción educativa atractiva: «Siempre les digo que educar en casa no es una creencia, es una decisión. Y si cambian las circunstancias de la familia, el niño puede volver a la escuela».

Otra preocupación de muchas familias es el futuro de estos homeschoolers. ¿Cómo irán a la universidad si no tienen estudios reglados? «Los títulos, con la legislación actual, pueden conseguirlos con los exámenes libres, un poco más tarde que los chicos que sí van a la escuela. Te cierras la universidad española. Pero puedes acceder a estudios superiores en otros países que te admiten en función de su propio examen de acceso, sin títulos previos», señala Caballero, mientras que Laura Mascaró recuerda que «muchos chavales que han estudiado en casa son artistas, emprendedores o se dedican a profesiones tan nuevas que aún no existe formación reglada para ellas», finaliza.

Escuela a medida

Han pasado unos años desde que las hijas de Teresa Leiva dejaron el colegio, pero son un buen ejemplo de cómo han desarrollado su futuro después de que sus padres decidieran alquilar una casa junto a otro grupo de familias y educarles a su modo: ellos mismos impartían las clases apoyados por un par de profesores ingleses.

Escuela libre. Una de las hijas de Teresa Leiva, que estudió en un colegio que crearon sus padres con otras 14 familias en la Isla.

«Tomamos esa decisión porque podíamos permitírnoslo económicamente y porque buscamos una forma diferente de educar a nuestros niños. Después cada uno siguió su camino. La mayor optó por estudiar la carrera en Irlanda y ahora trabaja en Estados Unidos, mientras que la pequeña llegó a ESO y nos pidió ir a un ‘colegio normal’. Para ella los primeros meses fueron duros; había estudiado en inglés siempre, no estaba acostumbrada a los apuntes. Pero aprobó a la primera, sin ayuda, y ahora vive en Barcelona. Cada uno elige su camino».