Pandemia de coronavirus

El tiempo desde el balcón

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Algunos de nuestros lectores gozan de unas preciosas vistas con las que 
disfrutar desde el balcón, como esta de Son Servera.

Algunos de nuestros lectores gozan de unas preciosas vistas con las que disfrutar desde el balcón, como esta de Son Servera.

SEBASTIÀ BAUZÀ

Siempre ha habido aficionados a mirar el cielo y desde que los teléfonos móviles son inteligentes es sencillísimo hacerse una preciosa colección de instantáneas capaces de provocar admiración en las redes sociales. Muchas de estas personas que miran arriba con interés, esperando las nubes, los relámpagos, el increíblemente azul cielo mallorquín o el gris que amenaza tormenta colaboran con nuestro periódico en la página dedicada a la meteorología.

Ávidos de capturar buenas imágenes, durante estos días de confinamiento se han visto obligados a hacer lo de siempre, pero desde el balcón, la terraza, la ventana o el jardín. El cielo sigue ahí, inmenso y cambiante, proporcionando toda clase de estímulos a diario. Por eso sus fotografías, incluso en tiempos de coronavirus, no decepcionan y dejan tras de sí un registro minucioso de la evolución del final del invierno y de la primavera del año más raro que conocimos.

Una ocupación curiosa, perfecta para compartir con niños, es la observación de las nubes siguiendo una rutina. Ya que vamos a estar en casa todo el día, lo ideal sería echar un vistazo por la mañana, otro al mediodía y, para terminar, al atardecer. Algunas nos recordarán a formas de animales, otras tendrán cara de personas, forma de corazón o de ángel. Este fenómeno de asociar las nubes con ciertas formas cotidianas tiene un nombre: pareidolia, en este caso nubosa. Y es que el modo en que procesa la información visual nuestro cerebro hace que identifiquemos formas familiares en los elementos de la Naturaleza.

Desde sus atalayas domésticas para la observación, nuestros particulares ‘cazadores de nubes’ han sido testigos de días radiantes y luminosos, arcoíris tras la lluvia, nubes ligeras y también amenazadoras y el brote espontáneo de la vida tras el invierno, en forma de flores, hojas, pájaros e insectos. La vida no se detiene, a pesar de lo que nos ocurre a los humanos, y suele regalarnos experiencias memorables.

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