Toni cuida con esmero a sus perros, que viven encerrados en una finca rústica. | Click

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Toni Cerdá, el playero de Formentor, se puso en contacto con nosotros para contarnos un caso que le afecta directamente, y que tiene que ver con sus perros, que viven en una finca rústica, «en la que tienen espacio más que suficiente para correr, por lo que no salen nunca de ella».

Dicho lo cual, sigue contándonos: «El martes de la otra semana, por la mañana, una de nuestros cinco perros, ‘Lola’, de 13 años, empezó a tener, de forma repentina, vómitos sangrientos, por lo que apenas se aguantaba de pie. Sin más, la llevamos al veterinario, que enseguida la ingresa con suero, antibióticos, analgésicos, etc. Esperamos durante todo el día a que mejore, pero lo cierto es que por la noche, ‘Lola’, sigue sin fuerzas, por lo que tiene que quedar ingresada. Afortunadamente, al día siguiente, está un poco mejor, habiéndose salvado de milagro, según nos dijo el veterinario, de un envenenamiento. Sorprendidos por esta noticia, salimos de la clínica con una dieta especial y los medicamentos que hemos de administrarle durante nueve días».

Días después, exactamente el viernes por la mañana, «nuestra otra perra pastor alemán, ‘Lluna’, de 6 años, padece letargia y apathía, por lo que no quiere comer. Y al intentar hacerla levantar, nos damos cuenta de que no se aguanta de pie, y que sangra por el ano. Volvemos corriendo al veterinario, que inmediatamente la ingresa. Este nos indica que tiene fiebre alta, tensión baja, etc., por lo que estamos otra vez ante un caso de envenenamiento. Así que, de nuevo suero, analgésicos, antibióticos, etc. Y, además, rezando para que salga de está. Pero ‘Lluna’ no solo pasa el día y la noche sin que haya mejora, sino que sigue empeorando. El sábado por la noche, agoniza y se muere».

¿Quién es el envenenador?

Llegado a este punto, Toni nos comenta que «hasta hace 5 meses, vivía con nosotros nuestro hijo con su perra, ‘Vida’, una mestiza de galgo y podenco, que se escapaba saltando la verja de dos metros y se iba a ‘jugar’ con las gallinas cercanas –nos aclara que sus vecinos más cercanos tienen gallinas-, matando unas cuantas, por lo cual nos denunciaron, cosa que aceptamos, con el propósito por nuestra parte de que no vuelva a pasar, tomando para ello todo tipo de medidas. Incluso, cuando nos íbamos, la dejábamos atada. Pero ahora, como decimos, la perra ya no vive en la finca, sino que está con nuestro hijo, en el pueblo».

Cuando parecía que todo estaba en calma, no hace poco se ha producido una matanza de gallinas en la zona, «por lo que lo más probable es que hayan pensado que es responsabilidad nuestra –señala Toni–. Por ello deducimos que nos estarán tirando veneno en la finca con el fin de matar a nuestros perros. Evidentemente, lo vamos a denunciar, pese a que ya no nos podrán devolver a ‘Lluna’».

«El veterinario –apostilla– nos aconsejó, no soló denunciar sino airear, dar a conocer este asunto, para que se sepa. Porque hay leyes que condenan estos actos de barbarie, ya que un animal envenenado, no solo se muere, sino que, además, pasa por una agonía lenta y sufrimiento insoportable. Por eso es por lo que lo contamos, para que los vecinos de Pollença sepan que tenemos por aquí a un energúmeno que envenena a los perros, y que de paso éste se entere de que la ley castiga estos actos, por lo que no se puede quedar en la impunidad».