Guy y Bethy, viajeros sobre ruedas, posan sonrientes junto a su caravana. | Ainhoa Sansó

23

Las rutas en caravana cada vez son más populares entre los viajeros. Llevarse la casa de viaje ayuda a reducir gastos de hospedaje y a moverse con facilidad. La única preocupación es dónde aparcar. Este es el caso la pareja formada por Guy Filabozzi y Bethy Hitchcock, un italiano y una británica que se conocieron hace tres años y no dejan de hacer lo que les apasiona: viajar.

Juntos han visitado destinos como Marruecos, México, Grecia, Australia y ciudades españolas como Ibiza y ahora Palma, lo que les ha aportado anécdotas e historias que contar tras descubrir lugares y culturas viajando de una forma poco convencional.

Ambos nos recibieron en su caravana, aparcada cerca del edifici Sa Riera, mientras jugaban una partida de parchís. Su casa rodante cuenta con todas la comodidades necesarias.

De forma espontánea comparten sus aventuras, como la vivida en su estancia en Marruecos. «Estábamos acampando cerca de una playa cuando de repente el mar empezó a subir y tuvimos que correr para recoger nuestras cosas; fue muy divertido. También recordamos cuando nos quedamos varados en mitad del desierto y dos chicos tuvieron que ayudarnos a remolcar la caravana».

Aún les quedan un par de semanas en Mallorca y han disfrutado mucho de sus experiencias, descubriendo playas locales y pueblos del interior.

En relación a otros países como Francia o Italia, «lo más difícil en Mallorca es encontrar párking. En algunos lugares te ponen pegas, lo hemos sufrido más aquí. A pesar de que hay una ley que nos permite estacionar, a veces nos han dicho que no podíamos quedarnos».

Esta es la situación que establece la diferencia entre acampar y estacionar. Los propietarios de estos vehículos deben tener cuidado si no quieren ser multados, pues lo que pueda ampliar las dimensiones del mismo, como tener las ventanas abiertas, mesas o toldos extendidos, es considerado como acampada en vía pública, acción que puede llegar a ser multada con más de 200 euros, según la normativa.