Algunas personas aprovechan la posibilidad de pasear a los perros para conocer mejor a aquellos que quieren adoptar. | Pere Bergas

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Salvo los fines de semana, el Centre Sanitari Municipal de Protecció Animal, Son Reus, recibe a diario a decenas de voluntarios que se acercan a la perrera para pasar un rato con los canes. Los sacan a pasear, les hacen compañía, y de vez en cuando, alguno que otro encuentra un nuevo hogar. Todo esto les permite ejercitarse y socializar, lo que facilita su adopción y mejora su bienestar general.

Clara Gallego es voluntaria desde principios de verano y se acerca a la perrera municipal una o dos veces por semana: «Siempre me han gustado los perros y escuchar sus historias es muy duro. Vengo a pasearlos porque creo que salir de la jaula les alivia mucho».
El máximo de voluntarios por día se sitúa en veinte personas, que tienen desde las 9.00 hasta las 13.00 horas para pasear a los perros.

Palma, Discreto, Son Reus

Para ello deben identificarse y dejar un documento identificativo como depósito; entonces reciben un chaleco que les permite solicitar al can que quieren pasear y moverse libremente por las instalaciones de Son Reus.

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Natalie Karlsson es una joven de Noruega que está de vacaciones en Mallorca, es la primera vez que está en una perrera: «La familia de un amigo ha empezado a vivir cerca de aquí, y nos hemos acercado. La situación de estos animales me parece horrible, pero también tranquiliza ver a toda la gente dispuesta a ayudar».

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Patricia es voluntaria desde hace tiempo y, aunque asegura que toda ayuda es positiva, cree que sería conveniente que los nuevos voluntarios conozcan el contexto de algunos perros: «Habría que informar a los voluntarios sobre el carácter de cada perro, cuales son más sociables y cuales lo son menos».

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Los trabajadores de Emaya, que alimentan y mantienen a los animales, se encargan de sacar a los canes de las jaulas y dárselos a los voluntarios. De vez en cuando surge algún problema, por lo que aconsejan que los nuevos voluntarios escuchen sus advertencias y recomendaciones.

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Margalida es voluntaria desde hace tres años. «Dejé de trabajar y tenía que hacer algo, mi pasión son los animales y la naturaleza, por eso vengo dos días a la semana», cuenta esta mujer, que es muy crítica con los prejuicios que rodean a los perros catalogados como potencialmente peligrosos. «Yo tengo sesenta años, y estos perros son fuertes, pero no son agresivos. Depende de la educación que reciban. En todos estos años siempre he paseado a este tipo de perros y nunca me han ni mordido ni gruñido, no he tenido ningún problema», asegura.