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Cartel de lujo en la segunda y última corrida de la temporada en el Coliseo Balear, que este jueves contó con la presencia de la infanta Elena y sus dos hijos, Felipe Juan Froilán y Victoria Federica.

Abrió la noche Enrique Ponce. El maestro de Xiva no defraudó. Con el capote logró dos buenas tandas de verónicas y un excelente quite por chicuelinas. La faena de muleta –con brindis dedicada a la infanta– estuvo acorde a la embestida del toro. Mató de pinchazo y estocada y recibió una oreja. Manzanares no tuvo suerte con el primero de su lote, un Juan Pedro Domecq soso y sin fuerza, que fue incapaz de transmitir el más mínimo atisbo de bravura. Enviarlo al desolladero le costó tres pinchazos, un aviso y una estocada. Talavante logró levantar al público de sus asientos en más de una ocasión en la lidia de su primer toro, al que inició la faena de rodillas con una pase de espaldas en el centro del ruedo. La emoción, su entrega y, sobre todo, su temple conformaron una faena muy interesante que remató con un pinchazo y una estocada. El premio fue un apéndice.

Lección magistral de Ponce en el segundo de su lote. Estocada y dos orejas. José María Manzares no tuvo suerte tampoco con el segundo de su lote, al que le faltó fuerza, bravura y, sobre todo, movilidad. El público reconoció su buena disposición con una ovación. En el que cerraba plaza, Alejandro Talavante tuvo que lidiar con una res que se quedaba parada. La falta de embestida la tuvo que contrarrestear con un soberano arrimón no exento de emoción. Mató de estocada y fue recompensado con una oreja. En la cuadrilla de Talavante estaba el mallorquín Valentín Luján, que estuvo muy acertado en dos pares de banderillas.