La población en los países más industrializados envejece cada día más.

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El año 1999, declarado por la ONU Año Internacional de las Personas de Edad, plantea el reto de cómo desactivar la bomba demográfica del creciente envejecimiento de la población para que la Humanidad pueda beneficiarse del fenómeno.

Con ocasión del año conmemorativo, la revista «El Correo de la UNESCO» recuerda en su último número que la esperanza de vida ha mejorado en un siglo más que en los 5.000 años precedentes y que los habitantes del mundo industrializado han ganado una media de 25 años de vida.

Esta silenciosa revolución demográfica, por la que en la centuria próxima el aumento de la esperanza de vida del ser humano se prevé aún más espectacular que en los últimos cien años, ha comenzado ya a provocar cambios fundamentales en la vida del ser humano y en la estructura de la familia típica.

Según los datos manejados por la UNESCO, entre los años 1995 y 2025, el número de personas de más de 65 años se habrá multiplicado por cuatro y su proporción respecto a la población total del planeta se duplicará, pasando del 5'3% en 1965 al 10% en el 2025.

La publicación destaca que el problema se plantea con carácter más agudo en los países en desarrollo, «donde el Estado flaquea, las solidaridades familiares se deshacen y la ayuda privada es todavía marginal», y donde está lejos de vislumbrarse un movimiento capaz de hacer frente a la crisis que se avecina.