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El matador español Antonio Ordóñez, una de las grandes figuras de la tauromaquia, falleció ayer en Sevilla a la edad de 66 años tras una larga enfermedad.

El torero fue ingresado ayer a las 05.30 de la madrugada en la Clínica Sagrado Corazón, aquejado de anemia y falleció 12 horas más tarde, informaron fuentes del centro hospitalario. El cadáver fue trasladado, poco después, a las seis de la tarde a su domicilio familiar, en la calle Iris, en las inmediaciones de la plaza de toros de La Maestranza de Sevilla. En el vehículo viajaban también su hija, Carmina Ordóñez, y en el domicilio esperaban el nieto del torero, el también matador de toros Fran Rivera Ordóñez, y su esposa, Eugenia Martínez de Irujo, hija de la duquesa de Alba.

Al domicilio se acercaron familiares y amigos, como la cantante Lolita, amiga de Carmina Ordóñez. El cuerpo del diestro será incinerado hoy en la capital hispalense y sus cenizas, esparcidas en la plaza de toros de su pueblo.

Ayer fue un día de profundo pesar para el mundo de los toros. Decenas de compañeros y admiradores expresaron su dolor por la desaparición de un matador del que destacaba el clasicismo, la sobriedad y la belleza de sus pases. Hizo famoso el gesto de mojarse los pies para apoyarse más firmemente en la arena.