El dulce es portado a hombros. Al llegar a la plaza, en pocos minutos no quedó ni rastro de la ensaimada. | Gori Vicens

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A las cuatro de la madrugada, cuando la traca final da por terminadas las fiestas patronales de Sant Roc de Porreres, para muchos empieza la «otra fiesta», llamada desde hace unos años el Sant Roquet. Cientos de jovenes recorren las calles de la localidad portando sobre los hombros o simplemente acompañando una ensaimada gigante, que, en la calle Bisbe Campins –en el centro de la localidad–, degustan en cuestión de minutos. Durante el acompañamiento resonó el cántico S’ensaïmada la duim els porrerencs al son de las xeremeries y los tamborinos.

De la ensaimada gigante se calcula que comieron un millar de personas. Pesaba unos 50 kilos y tenía unos 3,5 metros de diámetro. En pocos minutos, la madera donde estaba el dulce quedó completamente vacía.

Los jóvenes devoraron la monumental ensaimada.

Este ritual empezó a celebrarse hace unos 25 años, cuando un grupo de empresarios de restauración creyeron oportuno alargar la fiesta un par de horas, después de la verbena y la traca final. Se empezó con una ensaimada pequeña, pero de cada año se sumaba más gente y se pasó a una de 13 kilos y hasta llegar a la actual de 50 kilos.