Un grupo de pescadores forcejea desde la plataforma de la barca con un ejemplar de atún que será luego marcado. | P.C.

1

Son las seis de la mañana y el sol rasga la cortina nocturna del cielo de Pollença. En la cantina de la carpa de marinería, Bernardí Alba, presidente de la Alianza de Pesca Española Recreativa Sostenible, desayuna con alguno de los participantes en el ‘Great Tuna Race Simrad’. Se trata de un evento que tendrá lugar este verano en otros puertos de España: Santa Pola, Huelva, Benalmádena, Portocolom y San Pedro del Pinatar. Port de Pollença ha sido el primer lugar donde se lleva a cabo. Consiste en la captura deportiva de atunes rojos (Thunnus thynnus), que son marcados y liberados. Así pues, no se trata de una competición de pesca sino de una jornada de colaboración entre científicos y pescadores deportivos donde además de marcar atunes para su estudio, se divulga y populariza la captura y suelta de los ejemplares.

Tras el desayuno en la cantina, Bernadí y los demás participantes se dirigen a sus embarcaciones; por delante tienen un camino de varias millas que les llevará fuera de la bahía de Pollença, a un lugar algo alejado de la costa, donde fondearán y comenzarán la pesca. Diez embarcaciones en total han participado en este ‘Great Tuna Race Simrad’. Mientras esas embarcaciones fondean y empiezan a lanzar cebo al agua con la finalidad de atraer a los atunes, el Polar, una embarcación de mayor porte y que hará las veces de lanzadera entre los diferentes barcos, también enfila el rumbo con su patrón, Antoni Ensenyat al timón. Son poco más de las 6:30 horas, cuando a través de la radio se escucha: «Fly 3 en combate» ha sido la primera picada del día y los tripulantes de dicha embarcación se encuentran inmersos en una lucha con el formidable pez que durará casi una hora.

La finalidad de la jornada se implantar un transmisor en el cuerpo del atún que emite datos durante un periodo de entre 9 y 12 meses por vía satélite. Cada dispositivo tiene un coste de 6.000 euros, financiado por los diferentes patrocinadores de estas jornadas de marcaje que se extienden por toda España.

Mientras tanto el Nordyc, el Vulcano y el Místic anuncian también que han recibido sendas picadas. Pablo Cermeño, biólogo encargado de marcar a los atunes, se desplaza rápidamente entre las embarcaciones a bordo de una zódiac. A pasado poco más de una hora cuando el primer atún es izado a bordo del Místic donde es medido, pesado y marcado, con una marca sencilla que aportará información de este ejemplar si en algún momento es recapturado. Sin embargo, la finalidad de la jornada es la de colocar una marca especial, denominada pop–up. Se trata de un transmisor implantado en el cuerpo del animal que irá emitiendo datos durante un periodo de entre nueve y 12 meses por vía satélite. Los científicos podrán determinar los desplazamientos que hace el animal, las profundidades a las que se sumerge y la temperatura del agua. Si la marca no se desprende accidentalmente contiene un dispositivo que la hará desprenderse a partir de los nueve meses para flotar y ser recuperada. Este dispositivo tiene un coste de 6.000 euros, que ha sido financiado por diferentes patrocinadores.

El momento cumbre de la jornada llega aproximadamente a las 11:00 horas. Es el Storm Angel el que ha recibido la picada mayor. El pescador, sentado en la silla, nota que al otro lado del sedal hay un gran ejemplar. Pablo Cermeño se apresta con la lanza y el pequeño arpón para insertar el transmisor en el cuerpo del pez cuando sea izado. El gran atún presenta una dura batalla y el juego de tira y afloja dura más de 20 minutos. Al final, exhausto, el gran pez, asoma a la superficie y con sumo cuidado es izado. Cermeño le toma medidas y le coloca el transmisor para poder liberar al magnífico ejemplar de forma rápida. Cuando regresa al mar y se aleja nadando todo son gritos de júbilo a bordo.

El apunte

Dos poblaciones diferenciadas en el Mediterráneo

Alba explica que «unas de las conclusiones a las que se ha llegado es que existe una población estable de atunes en el Mediterráneo; mejor dicho, existen dos poblaciones: una en el Mediterráneo occidental y otra en el oriental, además se interrelacionan muy poco, pues los atunes del occidental, que son los que habitan en nuestras aguas rara vez se aventuran más allá de Sicilia», concluye.