Los cellers y payeses de Santa Maria ponen sus tractores al servicio de la desinfección del pueblo en la pandemia del coronavirus. | Redacción

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Siete de la tarde, esa hora en la que el cielo delata la inminente puesta de sol y por fuerza -que no por gusto- el fin de la jornada para los que cultivan la tierra. El rugir de nueve tractores sobresaltaba con el crepúsculo a los vecinos de la Plaça Nova, ahora acostumbrados al silencio que reina en las calles por el confinamiento obligatorio y el cierre de la mayoría de los negocios.

En esta ocasión latractorada no tenía el fin reivindicativo de hace apenas dos semanas, cuando cientos de tractores se concentraron en Palma, pero los payeses, con los vinateros al frente, emprendían otra batalla, esta vez contra el coronavirus.

Las siete bodegas que forman la Associació de Cellers de Santa Maria, más algún otro agricultor que ha querido arrimar el hombro, han puesto su maquinaria y su experiencia en el tratamiento de plagas al servicio del municipio, fumigando con una solución de agua y lejía las calles del pueblo.

La respuesta a esta iniciativa fue tal, que este jueves al anochecer se volverá a dar una pasada con este desinfectante, como aconsejan las instrucciones del Gobierno para luchar contra el virus que ha acabado temporalmente con todo el espíritu festivo en torno al vino que reina en el municipio en circunstancias normales.

La lucha contra un enemigo invisible pero letal no es una sensación desconocida para los que cultivan la viña. El Oidio o cendra es un hongo que seca el grano y acaba con la cosecha. Y el mildiu es una de las peores enfermedades que atacan a la vid, secando la hoja e impidiendo la maduración de la uva. Siembra destrucción a su paso, pero no soporta temperaturas superiores a 25 grados. La esperanza es que la COVID-19 sucumba también al calor del verano, pero mientras eso llega, los viticultores usan las mismas armas contra la pandemia. Tanto el secretario general de Unió de Pagesos y vinatero, Sebastià Ordines, como el presidente de la Associació de Cellers de Santa Maria, Ramon Servalls, se muestran satisfechos con la respuesta a esta iniciativa, que hoy se repite.