Reconstrucción del talud de pedra en sec en el Salt de la Bella Dona en Escorca que cayó en enero en la carretera de Lluc. | Elena Ballestero

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Con casi nueve metros de altura y quince de ancho, a solo unos metros del espectacular Salt de la Bella Dona, la reconstrucción del talud de pedra en sec que cayó en enero en la carretera de Lluc marca un hito para la historia moderna de esta técnica ancestral, que fue declarada patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco el pasado mes de diciembre.

«Hace más de 50 años que no se hacía un trabajo de esta envergadura en Mallorca», explica Lluc Mir, presidente del Gremi de Margers.

Seis maestros margers (Lluc Mir, Miquel Estarellas, Miquel Busquets, Llorenç Busquets, Toni Mateu y Deyan Petrov) trabajan intensamente desde hace dos semanas para devolver su esplendor a este punto de la carretera, una obra diseñada por el ingeniero Eusebi Estada a finales del siglo XIX que, para conservar su identidad patrimonial, pierde por imperativo legal su uso viario y se convierte en un mirador.

La obra es tan titánica que el Consell, que apostó por la reconstrucción tradicional a petición de los margers, la está documentando en imágenes.

Los margers han salvado todas las piedras originales e incorporan además nuevos bloques, extraídos de una cantera cercana, para construir dos capginyes, que a modo de pilares laterales permiten dar una mayor inclinación al talud, reforzando aún más si cabe la seguridad de la estructura. Cada uno de los bloques de piedra pesa entre 2.000 y 2.500 kilos.

Las obras, que dependen del departamento de Territori i Carreteres del Consell de Mallorca, durarán al menos tres meses y costarán medio millón de euros.