Los ecologistas y contrarios a la construcción de un golf en Son Bosc se manifestaron en varias ocasiones en los terrenos protegidos. | MAGDALENA SERRA

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Manifestaciones, una guerra política en el Ajuntament de Muro que acabó con el pacto de gobierno entre UM y PSOE-Entesa, caceroladas y una fuerte oposición de gran parte de la sociedad mallorquina consiguieron paralizar, al menos hasta el día de hoy, el polémico proyecto del campo de golf que se quería construir en los terrenos de Son Bosc, en el municipio de Muro.

Los ecologistas y algunos políticos consideraron por aquel entonces que la concesión de la licencia durante un pleno de marzo de 2008, que acabó con el pacto de gobierno establecido entre PSOE-Entesa y UM, era «irregular».

Los contrarios al proyecto defendieron la protección de la zona y que el golf ponía en peligro la fauna y la flora del espacio como son los halcones marinos o la orquídea de prado. Los defensores alegaron que el golf impulsado por los hoteleros, supondría la creación de nuevos puestos de trabajo y permitiría una oferta complementaria además de rehabilitar Son Bosc que, según ellos, estaba en estado de abandono.

Aunque las obras de construcción del golf de Son Bosc se iniciaron hasta en tres ocasiones en el año 2010, el Govern balear de entonces, dirigido por un pacto entre PSOE, PSM-Iniciativa-Esquerra y UM, las paró las tres veces tras comprobar que la promotora del proyecto ejecutaba actuaciones en la zona protegida como ZEPA.

Ahora, el regidor de Més en Muro, Jaume Payeras, apunta a que la protección de la zona no permite la construcción de un golf por falta de los metros necesarios aunque añade que «nuestra lucha continua y no dejamos de estar en alerta para evitar que se destruya una de las zonas con más biodiversidad de las Baleares».