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Un año más, y ya van cuatro, Miquel Cloquell, padre del popular Màgic Cloquell, se impuso ayer en el tradicional concurso de calabazas, menos voluminoso que en ateriores ocasiones pero que encadiló a los asistentes de la tradicional feria de Muro.

Concursaban 19 calabazas, 11 en la categoría autóctona y ocho en la foránea. De ellas 12 eran propiedad de la familia Cloquell.

El ejemplar ganador en la categoría autóctona pesó oficialmente 93 kilos aunque en una primera pesada no oficial había llegado a marcar 95. En la categoría no autóctona, en la que compiten las calabazas gigantes americanas que llegaron hace años a Muro de la mano de una colla catalana de Sant Feliu de Codines, se impuso un ejemplar de 173 kilos de peso.

El premio en metálico se calcula en función el peso de la pieza ganadora de modo que la autóctona se paga a 12 euros el kilo y la foránea a 1 euro el kilo.

Esta vez las calabazas en concurso eran de menor tamaño que en ediciones anteriores, según los expertos, porque el tiempo no ha acompañado. El récord histórico del concurso es de 301 kilos, muy alejado de los 173 kilos del ejemplar de más peso en la edición de ayer.

La feria fue ayer especialmente animada por la gran asistencia de público.