Santa Margalida vivió ayer sus fiestas de la Beata sin incidentes. | Nuria Rincón

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Santa Margalida celebró ayer su fiesta grande, la de la Beata Catalina Thomàs, en medio de una gran expectación por el efecto que la asistencia del president del Govern, José Ramon Bauzá, y su reencuentro público con el ya ex popular alcalde de Manacor, Antoni Pastor, pudiera tener sobre la procesión. El alcalde, Miquel Cifre, había condicionado su invitación al president al hecho de que no fuera acompañado de un dispositivo extraordinario de seguridad. Lo hubo, pero discreto, con un buen número de agentes de paisano y media docena de guardias civiles vestidos con uniforme, estos últimos, en los alrededores del palco de autoridades.

Pitada

Pasaban apenas unos minutos de las 20.30 horas, momento previsto para la llegada de autoridades, cuando una sonora pitada anunciaba la inminente llegada a pie del president acompañado de Teresa Palmer, Rafel Bosch, Pere Rotger, Martí Torres y Aina Rodríguez. La protesta no fue a más, aunque las pitadas se repitieron posteriormente en algunas zonas del recorrido.

El alcalde Miquel Cifre recibió al president a las puertas del Ajuntament con la vara oficial y una gerra, ambas enlazadas con la senyera en favor de la lengua catalana. También estaba enlazado el palco oficial y muchos de los asistentes (Jaume Mateu, Jubilats per la Llengua, Mateu Xurí, Biel Majoral...), exceptuando los regidores del PP y de CPU. Hubo dimonis enlazados, payeses enlazados, músicos enlazados... Ninguno le quitó la sonrisa al president, ni siquiera aquellos que a su paso por el palco decidieron darle la espalda.

Hubo también quien infundió ánimos al president, coreando la popular canción Que viva España.

Uno de los momentos más esperados de la noche fue el primer encuentro público entre José Ramón Bauzá y Antoni Pastor desde la expulsión de este último del PP. El president saludó uno a uno a todos los invitados e incluso a las fuerzas de seguridad antes de ofrecerle su mano a Pastor. Apenas conversaron unos segundos, dicen los que lo oyeron, que fue sobre el trágico suceso acontecido este fin de semana en Manacor. Tras el saludo, enprendieron caminos separados y también se sentaron en extremos opuestos en el palco oficial.

Al margen de la polémica los vilers disfrutaron como nunca de su fiesta, de cada una de las doce carrozas, del desfile de payeses y payesas, del juego de los dimonis, del robo de las gerres, de la tradicional trencadissa...

Hubo menos público que el año pasado, posiblemente por el mal tiempo y la procesión también fue más breve. A las 22.15 horas la Beata Major, Maria del Mar Quetglas, alcanzaba la Plaça y las autoridades se incorporaban como es costumbre a la procesión para completar su recorrido por la Vila.

En total se repartieron 1.800 jarras entre los cerca de 1.500 payeses que procesan, la mayoría de ellos en parejas, intentando salvar las gerres de las manos de los dimonis.

La Beata Major cumplió rigurosamente con su papel, aguantando imperturbable la trencadissa.