Jaume Vives, de la plataforma contra el puente, y su padre muestran la ventana tapada por la infraestructura.

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A.BASSA / M.PUIGRÒS
Escepticismo y preocupación. Estos eran básicamente los sentimientos de muchos vecinos y comerciantes de la zona del Riuet de Porto Cristo ante la nueva infraestructura del puente que ha generado polémica desde el primer día. La mayoría de ellos son reacios a pensar que el puente sea la solución a dos de los problemas principales de la zona: por un lado, las temidas inundaciones provocadas por torrentadas y, por otro, el caos circulatorio que padece Porto Cristo, sobre todo durante los meses de verano en que se multiplica el número de visitantes que tienen que cruzar la localidad para acudir a diferentes puntos turísticos como las conocidas cuevas.

Pocos eran ayer los que mostraban su satisfacción por la nueva obra. Debido al cambio de dirección que han sufrido algunas de las calles donde se ubican los principales comercios, donde destaca la restauración, la mayoría de los empresarios estaban preocupados ante la posibilidad que el turismo pueda caer al quedar la zona aislada, puesto que todos los vehículos ahora deben cruzar el nuevo puente.

Por otra parte, otro de los problemas que preocupan más a los residentes es el tema de las inundaciones. Cabe recordar que el año pasado una risaga volvió a afectarles. «Si no se elimina epontet, éste seguirá actuando de tapón propiciando la sucesión de inundaciones». Una de las propuestas de los vecinos es que epontet se convierta en una paso elevado.