Imagen de una reunión celebrada el pasado mes de febrero para analizar la situación de los inmigrantes magrebíes en Inca.

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ELENA BALLESTERO/R. P. F. La inmigración se ha convertido en un fenómeno significativo en Inca, donde el número de extranjeros no comunitarios empadronados supera ya el millar de personas, lo que representa un 5% de la población total. En los últimos años se han disparado las cifras de extranjeros extra comunitarios que eligen la ciudad como lugar de residencia y con ello surgen nuevas demandas sociales.

La escolarización de los menores y la búsqueda de una vivienda son los dos principales problemas a los que se enfrenta este sector de la población. De los 1.200 extracomunitarios residentes en el municipio, casi la mitad procede del continente africano, 230 son americanos, 40 asiáticos y los 250 proceden de Estados europeos del Este.

El Ajuntament espera el permiso de la Conselleria d'Educació para contratar los servicios de un mediador cultural que facilite las tareas de integración en el próximo curso escolar. De hecho, el incremento de extranjeros censados hace prever la llegada de nuevos residentes. Magdalena Cantarellas, concejala de Servicios Sociales de Inca, explica que «en los últimos años se ha venido observando el fenómeno de la reagrupación familiar, lo que hace pensar que se sumarán nuevos miembros a las familias residentes». Cantarellas reconoce que muchas de familias tienen serias dificultades a la hora de acceder a una vivienda y rechaza la idea de que los propietarios se nieguen a alquilar por convicciones xenófobas.

La concejala popular ha confirmado que la oferta de viviendas en alquiler en Inca es casi nula, por lo que cualquier piso que entre en la bolsa inmobiliaria tiene unos precios muy elevados. «La gente, además, quiere garantías de pago y mantenimiento», agregó al respecto. Entre los proyectos de los Servicios Sociales de Inca se encuentra la creación de una bolsa de viviendas tuteladas que el Ajuntament alquilaría a bajo precio.