Aspecto actual de las galerías Los Geranios, a un paso de Sant Miquel.

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Los Geranios está de fiesta. Esta tarde a las ocho y media celebran con vino y cocas el medio siglo de estas céntricas galerías a cielo abierto. El presidente de la Asociación de Comerciantes de Los Geranios, Mateu Cunill, se muestra exultante: «Lo hemos pasado tan mal que necesitamos una alegría». Después de idas y venidas, de épocas de gloria y tiempos en los que muchos locales estaban con la persiana echada, Los Geranios recuerda cómo abrió sus puertas a la ciudad en junio de 1972. «Los comerciantes somos un grupo de amigos. Ahora va a abrir una peluquería que ocupará cuatro locales y tenemos tres librerías. Somos un centro comercial a cielo abierto», dice Cunill, que reconoce que sufrieron la marcha de la Conselleria d’Educació y de Agricultura, cuyos funcionarios daban mucha vida. «Hemos aguantado pero ahora Los Geranios están en auge», señala el comerciante.

A un paso de Sant Miquel, ahora terreno abonado para las franquicias, Los Geranios resiste gracias a su pequeño comercio. Los tres negocios que perviven desde la inauguración de Los Geranios son Calzados Melchor, La Casa del Carrillón y Guinyol, la tienda de ropa infantil. «Mi abuelo abrió la tienda aquí. Tenía un taller de calzado y también abrió tiendas en Jaume II y Sindicat», cuenta Melchor Palou, la tercera generación al frente de la zapatería. Recuerda que «aquí se encontraba el convento de la iglesia de Santa Catalina de Siena», que se tiró abajo para acoger las galerías. Antes, en los años 30 se derribaron los últimos tramos de muralla y la Plaça d’Espanya se llamaba de Joanot Colom.

Cambio. Arriba, Sant Miquel, la iglesia y el convento de Santa Catalina de Siena antes de su derribo. Abajo, obras de construcción de Los Geranios con la iglesia de los Capuchinos al fondo. FOTOS ANTIGUAS DE MALLORCA
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La tienda de ropa infantil Guinyol.

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Ricardo Ramis, de La Casa del Carrillón.

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Melchor Palou, la tercera generación de zapateros.

Cambios

«Las galerías están igual pero han cambiado muchos negocios. Aún recuerdo como en la plaza de España y en la calle SantMiquel circulaban coches», dice Palou, que explica que sobreviven en el centro «porque el local es en propiedad. Si tuviésemos que pagar el alquiler sería otra cosa». También sobrevive La Casa de los Carrillones, regentada por Ricardo Ramis. «La tienda la fundó Juan Costa y no ha cambiado mucho. Antes venían de la Part Forana a comprar relojes de pie, era un símbolo de distinción», dice Ramis. Catalina Salom está al frente de Guinyol, que inauguró su padre, Miguel Salom. «Ahora vendemos trajes de comunión a los nietos de nuestras primeras compradoras», dice con orgullo.