Los nuevos comerciantes que han ido llegando a la zona y la están cambiando para hacerla más atractiva. | Jaume Morey

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Los comerciantes del pasaje Antoni Torradell han decidido hacer uso de la expresión ‘Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como’, y se han puesto manos a la obra para desterrar la degradación de este rincón de Palma. La vía de conexión entre la calle Oms y la plaza de los Patines luce ahora una nueva cara: guirnaldas de luces colgantes, nuevos grafitis artísticos en las barreras de los comercios, paredes recién pintadas y murales. Y sobre todo, limpieza. Atrás quedan los días en los que la suciedad campaba a sus anchas, con olor a orina y heces, y en los que la presencia de sin techo que espantaban a vecinos, transeúntes y potenciales clientes.

Los nuevos comercios que se han abierto en el pasaje han dinamizado esta calle privada. En enero abrió Éxodo Underground, que ha convertido las paredes llenas de pintadas vandálicas en un mural que imita ladrillos. «Nuestra intención era que la calle fuese más visible y bonita», cuenta Gabriela Romaní. Junto a su marido, Leo Martínez, han impulsado este espacio multidisciplinar, un sótano polivalente donde se ubica un estudio fotográfico pero también se celebran eventos artísticos, musicales y el ya mítico DraBingo.

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Las paredes se han pintado y se han impulsado murales en las barreras.

Movilización

«Está teniendo muy buena aceptación y la gente ya nos va conociendo», explica Romaní. Nada más llegar al pasaje empezaron a movilizar a los comerciantes para hacerle un lavado de cara al callejón. «Lo hemos pagado de nuestro bolsillo, con trabajo o con dinero. Hemos instalado nueva iluminación, hemos limpiado el suelo y pintado las paredes. Queremos potenciar la calle», añade. Las cuatro comunidades de vecinos no se ponían de acuerdo sobre quién tenía que pagar la luz del callejón, «estaba puesta la iluminación pero no se había conectado».

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El antes y el después del lavado de cara.

Otro de los impulsores de este cambio es el estudio Tattoo Urban Soul. «Llevamos un año y dos meses abiertos y cuando llegamos estaban los cables colgando, los focos se caían. Hemos rascado y pintado, esto daba miedo. Había gente durmiendo en el callejón y nos dejaban ‘regalos’ delante de las barreras», explica CaterinaLliteras, responsable de la tienda que acaba de inaugurarse, al igual que una peluquería y un taller de costura.

Entre las tiendas más veteranas está Mais Vinilo, que lleva en la zona diez años. «Prácticamente todos los locales están abiertos, algunos se usan como almacén. Hemos limpiado el suelo con agua a presión. En los 80 aquí había gente con jeringuillas y a nadie le apetecía pasar por aquí», cuenta Javier Loureiro, de la tienda de discos. Tras la degradación, ahora el pasaje ofrece una nueva cara gracias al entusiasmo de sus comerciantes.