Vista aérea de Palma. | A.S.

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Los problemas de acceso a la vivienda preocupan, y mucho, a los expertos en la materia. El futuro de Palma está sobre la mesa y por eso no paran de sucederse reuniones y debates, al calor de la aprobación inicial del Plan General, en las que se discute cómo será la Palma de las próximas dos décadas y cómo alcanzar ese objetivo. Y ese futuro pasa por una vivienda asequible que el Plan General debe potenciar. Así quedó reflejado en el debate Las ciudades que queremos, que acogió este martes el Col·legi d’Arquitectes de les Illes Balears COAIB).

«El Plan General es una oportunidad para que se facilite la construcción de viviendas asequibles», dijo el arquitecto Pere Rabassa, que reclamó incrementar el índice de densidad residencial para hacer viviendas más pequeñas y, por tanto, al alcance de los bolsillos de los jóvenes. «Es necesario que haya más vivienda social y pido a las administraciones, tanto a Cort como al Govern, que faciliten suelo incluso a los promotores porque no dan abasto para hacer vivienda protegida. Si no este problema nos lo comeremos durante años», insistió el arquitecto.

Joan Cerdà, presidente de la Demarcación Mallorca del COAIB, valoró positivamente la inclusión en el Plan General «del concepto de urbanismo transformador en lugar de apostar por nuevos desarrollos». Eso significa «regenerar los barrios existentes». Otro punto importante para Cerdà es que «se permite densificar la ciudad y además se combinan zonas de trabajo con uso residencial y zonas verdes». El Casc Antic perderá protagonismo creando diferentes centros urbanos, apostando por «la ciudad de los quince minutos, dando valor al bario». Cerdà también destacó la integración de la naturaleza en la trama urbana y coincidió en    la necesidad de solventar «el problema crónico de la vivienda». «El Plan General es una herramienta que podría solventar este problema», dijo, y recordó que Palma destaca por su escaso parque público. Para ello reclamó «aumentar el índice de uso del suelo que permita viviendas más pequeñas».

La movilidad es otro de los retos. Catalina Cantarellas, catedrática de Historia del Arte de la UIB, habló del colapso de la ciudad ya que «ha crecido demasiado y mal. Se han creado periferias como Son Cladera, Son Roca y otras urbanizaciones descontroladas, así como otros polígonos innecesarios como el de Son Valentí o el Parc Bit». Cantarellas se mostró a favor de la transformación agrícola de la ciudad y del ahorro energético en los desplazamientos.

Por su parte, Maria Lluïsa Dubon, doctora en Geografía por la UIB, incidió en «la necesidad urgente de aprobar el nuevo Plan General, que llevaba más de veinte años sin modificarse». En su opinión, desde hace una década Ciutat tomó un rumbo turístico que ha supuesto una transformación radical del espacio, que pasa por «explotar la ciudad como un recurso, lo que ha generado graves problemas».

‘Plan Frankenstein’

Las terrazas, el turismo masivo, y los megracruceros han hecho que Palma pase de ser «una ciudad equilibrada a una ciudad desbordada. Ha ido desapareciendo el tejido comercial tradicional y se generan muchos empleos pero precarios», insistió. A lo largo de estos años se ha ido parcheando el crecimiento «con modificaciones concretas del PGOU, pero eso lo ha hecho un ‘Plan Frankenstein’. Por eso era necesario aprobar el nuevo, que contempla los Objetivos de Desarrollo Sostenibles», afirmó y consideró que el Distrito Innovador «es muy necesario».