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Un cercavila, la presentación de un nuevo capgròs (Pau l’òliba) y un ambiente festivo, en general, marcaron este jueves los actos en recuerdo de la Casa del Poble que no estuvieron exentos de reivindicación. Los vecinos de Arxiduc quieren que el solar donde se ubicó el emblemático edificio, de cuya inauguración este jueves se celebraron los 98 años, sea un espacio para el barrio. Sin embargo, «averiguamos que el solar ahora está en manos de un grupo de inversión extranjero que quiere hacer una construcción de viviendas para alquiler de lujo», explica Albert Herranz, representante de Amics de la Casa del Poble.

Desde el verano, cuando lo descubrieron, y hasta ahora, tienen un cometido común: parar «la gentrificación del barrio que esto supondría y el éxodo de vecinos que viene después», advierte. Han conseguido reunirse con representantes del Consell de Mallorca, el Ajuntament y el Govern e incluso han solicitado hablar con el fondo de inversiones «para explicarles nuestra postura y ver si , amparándonos en la Ley de Memoria Histórica, se puede hacer algo».

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En la jornada hubo ‘caparrots’, ‘xeremies’ y malabaristas.

La jornada quería reivindicar el barrio tal y como está. Tras un cercavila con xeremies, se realizó una asamblea para coordinar nuevas actuaciones. «Hemos presentado alegaciones al permiso al permiso de obras y ya veremos cómo reacciona el Ajuntament», añade Herranz. Poco después hubo parlamentos de representantes de Stop Desnonaments, Jardí d’Epícur y Flipau amb Pere Garau, «entidades invitadas que    hablan de su experiencia, porque en el fondo a lo que tenemos miedo es a la gentrificación y ellos han tenido ya experiencias previas con esto». Por la tarde se realizó un taller de pancartas. Pese a que se había previsto un fogueró solidario y una torrada, se tuvieron que suspender por la pandemia.