De izquierda a derecha, Inés Riera, Marta Jaume, Francisca Solivellas en silla de ruedas y a su derecha, Carme Vidal. | Jaume Morey

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Hace unos días María Francisca Solivellas, vecina de la Plaça Major de Palma, tuvo que salir a las cinco de la mañana hacia las urgencias de la Clínica Rotger, en Vía Roma. Unos metros separan su casa de la clínica, pero también un obstáculo insalvable para su silla de ruedas: ni los ascensores ni las escaleras mecánicas funcionan. Llegar a la Rotger le supuso un trayecto 45 minutos por Sant Miquel y plaza Patines en plena madrugada.

Hace meses que los vecinos de la Plaça Major de Palma protestan por las continuas averías del ascensor que comunica la plaza con los aparcamientos públicos. El proyecto de rehabilitación de las galerías, que ya llevan cerradas dos años, ha dejado en stand by el uso del ascensor y las escaleras mecánicas.

Los vecinos sufren todas las casuísticas: desde el caso extremo de Solivellas, en silla de ruedas, al caso de Marta Jaume, madre de tres bebés y cuyo carrito gemelar no sube por las escaleras. Inés Riera, vicepresidenta de la Associació de Veïns de Plaça Major, lamenta «las dificultades para subir la compra». Vivir en la zona está rodeado de inconvenientes, asegura.

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Las vallas que taponan la entrada a las galerías.

El cierre de las galerías les ha dejado sin supermercado ni posibilidad de acceder a sus vehículos desde la Plaça Major. «Me estoy planteando mudarme», reconoce Riera, que muestra el agotamiento de tantos meses sin accesibilidad.

Sin plazo

Los vecinos advierten que Cort no facilita el acceso a sus aparcamientos desde la plaza. «Este año no hay partida para la rehabilitación de la plaza, esto va para largo», dice Carme Vidal, presidenta de la asociación, que está resignada a «hacer salto de vallas» desde 2019, cuando cerraron las galerías. Los vecinos no quieren esperar a que esté lista la reforma de las galerías, cuyo proyecto creen que no verán antes de la próxima legislatura, «con suerte». Por eso proponen que se eliminen las escaleras y como solución se opte por la instalación de rampas.

Los residentes denuncian que «pagamos 160 euros más por un aparcamiento con barreras arquitectónicas». Advierten que «muchos turistas aparcan abajo y la subida por las escaleras es la peor promoción turística». A esto se suma la presencia de okupas que viven bajo la escalera que comunica hacia Las Ramblas.

La asociación de vecinos denuncia que «nos sentimos ignorados por el Ajuntament de Palma» mientras que sí cuentan con el apoyo de Anna Moilanen, defensora de la Ciudadanía. El cierre de la galerías supuso también perder «el supermercado. Los propietarios querían seguir, pero solo tenían en propiedad la mitad de los locales que ocupaban. La otra mitad era de Cort y no quisieron seguir alquilándoles el espacio», dicen los vecinos.

También echan de menos el taller mecánico que estaba instalado en el aparcamiento. Son tantos los servicios que echan en falta que varios vecinos se plantean la mudanza por la incomodidad de no poder subir la compra o el carrito de bebé. Unos pocos escalones se convierten en un obstáculo insalvable durante demasiado tiempo.

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Solivellas, en silla de ruedas, ante el ascensor inoperativo. Fotos: J. MOREY