Simpatizantes de la Plataforma 17A, Exigim Responsabilitats, en el quinto aniversario de los atentados de Las Ramblas. | Efe

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Un tuit del veterano periodista Joan Riera ponía este jueves el dedo en la llaga, tras presenciar los gritos durante el homenaje a las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils del 17-A, afirmando que «la dreta mediàtica madrilenya fa foc pels queixals perquè sectors independentistes catalans veuen mà negra dels serveis secrets espanyols en l'atemptat de les Rambles». El exdirector adjunto de Diari de Balears y columnista de Ultima Hora pone el foco en la tesis que sostienen algunos en la esfera soberanista catalana, en los últimos tiempos particularmente identificados con la deriva de movilización y contestación permanente al Estado en la que parece haberse adentrado el Junts de Carles Puigdemont.

Precisamente la expresidenta del Parlament, Laura Borràs, ha causado una gran controversia al acercarse a los manifestantes que gritaron en el acto de homenaje a las víctimas del atentado yihadista del 17-A y estrechar sus manos. El rastro de la teoría de la conspiración catalana con respecto a los terribles atentados en Cataluña de hace ahora cinco años arranca en los días posteriores a los ataques, y esta se fortalece a partir de las palabras de un personaje de contestable credibilidad: el comisario José Villarejo.

Según recoge El País, un medio poco sospechoso de aliarse con el secesionismo en España, «la teoría de la conspiración sin base de los atentados del 17-A que apunta al imán de Ripoll y el CNI (...) arranca en 2019 a raíz de un artículo de Público». En todo este tiempo «partidos independentistas y algunas de las víctimas abrazan la tesis de que el Estado permitió el atentado para dar un susto a Cataluña».

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En las redes sociales, ese espacio no siempre abonado para el debate sosegado y ponderado, circulan abundantes materiales al respecto. Uno de los más recurrentes son las palabras atribuidas al general Espartero, que rezan que «por el bien de España, hay que bombardear Barcelona una vez cada cincuenta años». A pesar de que ello se dijera en la primera mitad del siglo XIX, algunas miradas lo vinculan rápidamente a la situación actual, previa alusión a los choques con los llamados 'piolines', que rodearon la celebración del referéndum calificado de ilegal por el Tribunal Constitucional aquel recordado 1 d'octubre.

En el río revuelto de la agitación soberanista se prestó a pescar Villarejo cuando vinculó los atentados del 17 de agosto del 2017 en Cataluña a un error de cálculo del exdirector del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz Roldán, un «error grave» del exjefe de los espías españoles que, según su versión, «calculó mal las consecuencias por darle un pequeño susto a Cataluña». No era la primera vez que Villarejo lanzaba la sombra de la duda sobre los hechos del 17-A. Anteriormente aseguró que el CNI había ignorado los avisos de una fuente «muy importante» alertando del «posible riesgo» de atentado en Barcelona, pero «el CNI dijo que no era fiable».

Todas las comparecencias posteriores no han aclarado mucho más que eso. Tan solo quedaría acreditado en sentencia judicial lo que los tribunales españoles han logrado clarificar sobre los atentados en Cataluña, desmontando la citada teoría de la conspiración que tiene en su eje la figura del imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, y su supuesta relación con el CNI tras ser tanteado en el pasado para trabajar como confidente. Sin embargo, las evidencias del juicio han afirmado que Es Satty convenció a los jóvenes de Ripoll para atentar en nombre de Estado Islámico por propia decisión, no incitado por nadie más, y que este hombre murió en la explosión que precipitó los ataques mortales del centro de Barcelona y Cambrils.