Todos los analistas coinciden en señalar que el actual panorama alcista de precios es difícil que se desvanezca antes de la primavera de 2022. El precio de las materias primas, como el gas, se revierte en las facturas que pagan los consumidores. | Steven Magnascan

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El encarecimiento del gas natural en los mercados internacionales, que se emplea en las centrales de ciclo combinado y de este modo marca el precio del mercado eléctrico en la mayoría de las franjas horarias, ha sido una de las principales razones que explican la disparada factura eléctrica de un tiempo a esta parte. Los últimos acontecimientos en el Magreb, donde Argelia ha cerrado el grifo de uno de los dos gasoductos que suministran esta importante materia prima a España en un contexto de crisis diplomática con Marruecos, hace prever un invierno negro en materia energética.

Todos los analistas coinciden en señalar que el actual panorama alcista de precios es difícil que se desvanezca antes de la primavera de 2022. De este modo, siguiendo estos tiempos, el recorte al suministro de gas influirá en la factura de la luz tirando de los precios hacia arriba aunque resulta difícil establecer un único porcentaje de incremento.

El Gobierno sigue instalado en la reiteración. Por activa y por pasiva insisten en que el abastecimiento de gas para España no corre peligro. Según la información del propio ejecutivo el gasoducto que se ha cerrado por motivos diplomáticos aportó cerca del 45 por ciento de los 14.000 millones de metros cúbicos de gas argelino que en 2020 llegaron a nuestro país.

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Argelia se ha comprometido a hacer lo que haga falta para incrementar la cantidad de gas que llega a España a través del otro gasoducto que queda operativo, y que conecta directamente el país magrebí con la costa de Almería. Aunque en el país origen del gas se llevan a cabo trabajos en tiempo récord una parte relevante de la producción deberá ser cargada en forma de gas natural licuado (GNL) en barcos especializados, un medio de transporte que ha visto encarecidas con mucho sus tarifas desde los tiempos del coronavirus y la actual crisis de suministros.

Los llamados buques metaneros son los encargados de llevar por los puertos del mundo el gas en forma líquida, a -160 grados centígrados. Una vez el gas licuado llega a su destino debe sufrir el proceso contrario, algo que en España solo puede hacerse en media docena de plantas industriales repartidas por zonas portuarias como Barcelona, Bilbao, Cartagena, Huelva y Sagunto.

El abastecimiento está garantizado, dicen y repiten los responsables políticos. Lo que no dicen y es complicado cuantificar –pero no vaticinar– es que el precio del gas natural se puede disparar, especialmente en momentos puntuales asociados a puntas de consumo y a ofertas de última hora que mantengan alejados a los buques metaneros de nuestras costas justo en el momento en que más necesitamos su transacción.