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Pese a que el propio Ignacio González ha lamentado que una «campaña orquestada» haya condicionado que el PP no apueste por su candidatura a la Comunidad de Madrid, los populares se desmarcan de ese argumento y aseguran que la decisión se tomó antes de que volviera a resurgir el escándalo del ático.

Y es que no se ha elegido cualquier nombre. Creen los populares que tanto la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, como la presidenta de los populares madrileños, Esperanza Aguirre, tienen suficiente tirón para ganar la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, y eso, según las fuentes consultadas por Efe, es lo que más ha pesado en la decisión.

Desde la dirección de los populares defienden que el tándem Cifuentes-Aguirre es «muy potente».

Aguirre estaba situada en las encuestas mejor que cualquier otro candidato para ganar el Ayuntamiento madrileño y el valor de Cifuentes, a quienes los sondeos colocaban en igualdad de condiciones que otros posibles aspirantes, es que representa el aire nuevo que se necesita en Madrid.

Cifuentes, admiten diversas fuentes del partido, es la renovación que parecía obligada y que no llegaba de la mano de la Aguirre, aún siendo ésta la apuesta 'más segura' con la que creen contar los populares para el Ayuntamiento de la capital.

Es decir que, como ya anunciaba el vicesecretario de Organización, Carlos Floriano, el pasado lunes se han tenido en cuenta muchos y diversos elementos.

Pese a que esta elección ha coincidido con las nuevas informaciones los cruces de acusaciones y denuncias relacionadas con el ático de Ignacio González en Estepona, desde el PP se insiste en que nada ha tenido que ver esa polémica.

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«Ni para bien ni para mal». Así lo aseguraba la propia secretaria general de los populares, María Dolores de Cospedal, días antes de que ayer se anunciaran las candidaturas de Aguirre y Cifuentes, admitiendo ya entonces que tampoco estaba decidido que González fuera a ser el candidato.

Según fuentes populares, Cospedal quiso con esas palabras desligar la polémica del ático con las candidaturas y al mismo tiempo señalar que el PP cree en la inocencia del presidente autonómico y defiende su gestión.

De cualquier modo, y una vez hechos públicos los nombres de las elegidas, el PP quiere cerrar página, dejar atrás la polémica sobre quien debía ser o no el candidato y centrarse ya de lleno en la precampaña para las elecciones autonómicas del 24 de mayo.

El gran laboratorio de pruebas va a ser Andalucía, donde ayer arrancó la campaña electoral, y donde el PP se ha volcado ya este fin de semana con el desembarco de importantes líderes nacionales en los actos del partido.

Nadie duda, y los populares tampoco, de que Andalucía puede ser un buen primer ensayo de lo que puede pasar después en las elecciones generales o, incluso antes, en las autonómicas de mayo.

El PP tiene clara ya cual es su estrategia, ningunear a quien parece ser un competidor directo, Ciudadanos, y advertir de los peligros que puede traer al país el voto a Podemos.

Los populares se reivindican como la única alternativa. Ya lo dijo ayer el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en un mitin en Jérez de la Frontera (Cádiz): el único partido que puede garantizar el cambio en Andalucía es el PP «y no los doctrinarios de 1917 o la nada», en alusión a Podemos y al partido 'naranja' de Albert Rivera.

Idea en la que hoy mismo ha insistido Cospedal en Sevilla, cuando ha pedido a los andaluces que no jueguen con el voto en los comicios del 22 de marzo, porque el «único voto útil» tras 32 años de socialismo es el voto al PP.