Dos hombres con caretas de Rajoy y Bárcenas muestran su protesta en la Puerta del Sol de Madrid. | SUSANA VERA

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Luis Bárcenas cumplió ayer su primer mes en prisión. Un mes intenso, en el que el extesorero ha optado por cambiar su estrategia de defensa y poner en marcha la maquinaria mediática y judicial a su alcance para tratar de demostrar que el que fuera su partido se financió de forma ilegal durante 20 años.

Tras ingresar en prisión el 27 de junio, el extesorero ha lanzado una batería de acusaciones de irregularidades en el PP para poner en el punto de mira a la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, y al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

Las confesiones de Bárcenas llevaron a los grupos de la oposición a pedir explicaciones a Rajoy, que finalmente ha decidido comparecer en el Congreso.

Ello provocó que sus abogados durante los cuatro años de instrucción del 'caso Gürtel' renunciaran a seguir representándole, alegando «discrepancias» profesionales.

La aparición de los 'papeles' originales y la publicación de sms entre el presidente del Gobierno y el extesorero llevaron a este a tomar una postura contraria a la que adoptó el 22 de marzo, cuando fue llamado por primera vez a declarar ante Ruz en el marco de esa pieza separada de Gürtel y anunció que no iba a declarar «ni hoy ni en ninguna otra comparecencia».

Las expectativas se cumplieron y Bárcenas estuvo declarando durante cinco horas.

Y ahí sigue. Pendiente de conocer la decisión de la sección cuarta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que el pasado jueves celebró una vista para revisar la orden de prisión que dictó Ruz, a petición de la Fiscalía Anticorrupción.