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El secuestro de los cooperantes españoles Albert Vilalta y Roque Pascual se ha convertido en el más largo cometido por el grupo terrorista Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), al cumplirse 267 días, casi nueve meses, del rapto, ocurrido en Mauritania la tarde del pasado 29 de noviembre.

Vilalta y Pascual fueron capturados junto a una tercera española, Alicia Gámez, cuando participaban en el último convoy de la Caravana Solidaria organizada por la ONG Barcelona Acció Solidària (BAS). Gámez fue puesta en libertad por sus secuestradores y llegó a Barcelona el pasado 10 de marzo.

La caravana fue atacada por milicianos de Al Qaeda en la carretera entre las ciudades mauritanas de Nuadibú y Nuakchot. El convoy, formado por un total de 14 vehículos que transportaban material de cooperación, viajaba en dirección a Dakar, capital de Senegal.

En el momento del asalto, el vehículo de los cooperantes se encontraba a tres kilómetros del resto del convoy, que escuchó disparos a través de la radio que interconectaba a toda la expedición.

Cuando dieron la vuelta para buscar a sus compañeros, se encontraron el Land Rover vacío, con las puertas abiertas, con casquillos de bala alrededor, pero sin manchas de sangre. En ese lugar se podían ver también huellas de otro vehículo dirigiéndose hacia el interior del desierto.

Inmediatamente después del secuestro, la Embajada española pidió al Ejército mauritano que escoltara al resto del convoy, formado por un total de unas 40 personas, hasta Nuakchot, mientras España, Mauritania y Malí desplegaron un dispositivo por tierra y aire para localizar a los secuestrados y evitar la huida de sus captores a otro país. Los secuestradores fueron más rápidos y consiguieron refugiarse con sus rehenes en el norte de Malí.

Menos de 24 horas después del secuestro, el ministro español del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, advertía de que el asalto a la caravana solidaria podía ser obra de Al Qaeda del Magreb Islámico, hipótesis que se confirmó el 8 de diciembre, cuando el grupo terrorista reivindicó el secuestro de los tres españoles y del ciudadano francés Pierre Camatte, apresado en Malí, y liberado el 23 de febrero.