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PEDRO PRIETO. ENVIADO ESPECIAL A MUXÍA. A las dos de la madrugada de ayer llegué a Muxía, tras haber aterrizado dos horas antes en el aeropuerto de Santiago. La lluvia y la calzada helada en algunos tramos "y en otros en obras (entre Santa Comba y Muros, por ejemplo) aconsejaron precaución y cautela, y por supuesto no pisar alegremente el acelerador. A mitad de camino hicimos un alto. Nos detuvimos en el Novais Bar, de Ponto Nouro, cuyo propietario, Ramón García, tiene un hijo en Mallorca, Isla que conoce muy bien. «Su madre y yo estamos separados y él vive con ella. Pero esta semana se vendrá a pasar un par de días conmigo».

Ramón, que pese a la hora avanzada de la madrugada tiene gente en el bar, se queja de lo mal que lo han hecho, tanto gobierno central como de la Xunta . «Al 'Prestige' lo han estado paseando de Norte a Sur y de Este a Oeste, como si fuera una vaca. Si se lo hubieran dejado a cuatro marineros de la zona, seguro que no hubiera pasado lo que ha pasado. Seguro que lo hubieran metido en una playa y allí lo hubieran vaciado, con lo cual se habría evitado esta catástrofe de la que no nos vamos a recuperar nunca».

Tras un descanso de cuatro horas en el Hostal Cruz de Muxía, y con una oscuridad que no nos dejaba ver el mar que teníamos enfrente nos acercamos al polideportivo, lugar en que pernoctarán los voluntarios mallorquines que vuelan mañana, a las 6, para prestar ayuda al pueblo gallego, precisamente desde esta localidad marinera de la Costa de la Muerte, muy afectada por las consecuencias de la mancha de fuel. En dicho polideportivo, a esas horas, habría por lo menos 700 jóvenes, la mayoría universitarios llegados del País Vasco, la Rioja y Madrid, que comenzaban a desperezarse, para afrontar una nueva y dura jornada que llegaba acompañada de lluvia y viento que iba a obligar a que todos los barcos que salían a diario a impedir que la mancha progresara en su camino hacia la costa, se quedaran en puerto.

Sobre las ocho, comenzaron a entrar en el comedor que ha sido habilitado en la lonja, frente al mar. Media docena de soldados sirven café a los voluntarios, que tras acopiar pastas y frutas toman asiento frente a mesas alargadas para desayunar. Poco a poco, y a vista de pájaro, desde lo más alto de la lonja, aquello es lo más parecido a un mosaico de colores por los monos blancos que lucen los voluntarios, por los impermeables anaranjados de los de protección civil, por lo uniformes de camuflaje del Ejército, y por los chubasqueros verdes de Tragsa, o Medio Ambiente. A unos que están haciendo cola frente a unas dependencias donde se entrega ropa de faena, y que por lo que veo son de la tierra, les comento que Aznar va a llegar a Galicia y que Matas, el ministro, puede hacerlo el martes. «Pues los van a recibir a pedradas, porque aquí la gente está indignada con el gobierno, tanto central como de la Xunta. Por lo mal que han reaccionado».