Recibir una postal personalizada en Navidades, una práctica en desuso, con la que el Voluntariado Caixabank quiere paliar la soledad no deseada. Más de 200 voluntarios de la entidad han colaborado en la elaboración de 900 postales para las personas mayores de las residencias públicas del Institut Mallorquí d’Afers Socials (IMAS) y el centro de día de Llucmajor Can Clar, gestionado por el Institut, para que tengan un bonito detalle navideño en estas fechas tan señaladas.
«Hace uno años se nos ocurrió esta iniciativa dirigida a personas en situación de soledad no deseada. Con el paso del tiempo ha ido creciendo. Este año la lista de los destinatarios en las residencias del IMAS era de más de 600 nombres. Además de los nombres de pila, les pedimos características de cada persona para hacer las tarjetas lo más personalizadas posibles», ha explicado este lunes la delegada del Voluntariado, Joana María Gelabert.

La gran cantidad de dedicatorias de este año ha hecho que muchos residentes tengan más de una postal. Mercedes es una de las personas que ha recibido esta mañana una: «Llevo seis años aquí y estos detalles, para los que estamos solos, nos dan mucha alegría», decía ataviada de complementos navideños. «Me parece una idea muy bonita, me gusta mucho mi postal. He bajado muy contenta a que me la dieran», comentaba Gloria, que lleva un año viviendo en la Llar d’Ancians. «Un pajarito me ha dicho que le gustan mucho los mandalas, a mi también me gustan mucho», decía ilusionada Victoriana de la postal que había recibido.

El programa se puso en marcha en 2020, en plena pandemia; para intentar mitigar en la distancia la soledad que padecían los mayores. Ahora, cuatro años después, sigue funcionado y cuenta con la participación de l’Associació de Dones Montuïreres, Fundació Asnimo, el Grupo de Escoltes de Sant Josep Obrer y las escuelas de Pinta en Ample y ArtDansa. Esta última ha querido tener otro detalle con los mayores de la Llar d’Ancians, por lo que dos de sus miembros han ofrecido una pequeña demostración de baile. Victoria, de 15 años, y Maria de Lluc, de once, interpretaron dos solos de ballet en el hall de la residencia. Silencio sepulcral durante sus actuaciones, con un público entregado que rompió en aplausos al finalizar cada una de ellas.
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