Javier Barbero posa para este diario en la plaza de la iglesia de Sencelles. | Pilar Pellicer

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Javier Barbero es miembro y portavoz del Banc de Temps i Consum de Sencelles, el pequeño colectivo que convocó la manifestación del sábado contra la emergencia habitacional provocada por el turismo de masas y la especulación inmobiliaria. Atiende a este medio para reflexionar sobre el éxito inesperado que tuvo la marcha y la línea de acción que preparan.

Calculaban juntar a unas 2.000 personas, pero fueron más de 10.000, según la Policía Local. ¿Cómo lo explica?
El mensaje ha calado entre la población porque hay miles de personas que sufren esta situación. Nos ha sorprendido, pero lo esperábamos. Entre todas las entidades que se sumaron estimamos que hubo unas 25.000 asistentes. No queríamos tener grandes expectativas porque somos una asociación de un pueblo pequeño a la que llegaban mensajes de auxilio. Por eso hicimos el vídeo, y tras viralizarse, consideramos que no podía quedar en una anécdota.

Algunos creían que la convocatoria era precipitada, que se debía de preparar mejor. ¿La espontaneidad fue la clave?
Podría ser. Es evidente que nuestra asociación ha puesto voz a una población silenciada durante mucho tiempo, que estaba en un estado de indefensión. Por mucho que protestaras sobre la falta de vivienda, existía un sentimiento generalizado de que no se podía hacer nada. El mercado es tan despiadado que tiene más poder que la población, pero al fin hay algo con lo que sentirse representado. Inicialmente, no tuvimos mucho apoyo, se decía que era necesario meditar más esta acción y hacer comisiones de trabajo. Es como lo de la mesa de Marga Prohens para reflexionar sobre le modelo turístico de masas, de la que seguro que saldrán propuestas, pero que se aplicarán dentro de un año, con suerte. El problema está aquí, la gente está ahogada y ya se marcha de la Isla. Mucha gente querría sumarse a esta causa, pero para ellos es tarde porque ya han iniciado su éxodo.   

¿Qué medidas deben aplicarse ya para frenar la situación?
No somos expertos, somos gente de la calle que hemos compartido el malestar. Sencelles es el segundo municipio que tiene más vivienda vacía sin usar, y la mayoría está deteriorada. Proponemos llegar a alianzas para que se ayude a los propietarios de estos inmuebles con el fin de que los reformen a cambio de que los vendan o alquilen a precio social.

Muchos se sumarían a la causa, pero ya es tarde porque han iniciado su éxodo

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El Govern rechaza limitar los alquileres, como piden. ¿Qué otras propuestas hacen?
La ley nacional de vivienda es un primer paso porque prevé declarar zonas tensionadas por los altos precios. Baleares lo es y hay ejemplos de ciudades, como Barcelona, en que se ha aplicado y el precio ha bajado de 1.200 a 800, que es una cifra menor, aunque no deberíamos normalizar que un alquiler cueste tanto. También reclamamos una moratoria al alquiler turístico y limitar la compra de viviendas en la Isla a los que no residan, como mínimo, cinco años.

¿Les han contactado del Govern o del Consell de Mallorca?
Tengo una cantidad enorme de mensajes por responder, pero diría que no.

¿Por qué el estallido se ha dado ahora, con el PP, y no en la pasada legislatura del Pacte, cuando también existía el problema del acceso a la vivienda?
No somos una plataforma especializada en este problema, solo hemos conectado con este sentir y hemos actuado ahora. El azar o lo que sea, hizo que un vídeo hecho con sentimiento se viralizara y, tras eso, creíamos que era una irresponsabilidad no hacer nada. La nuestra es una entidad ciudadana, de vecinos muy activos, que desde 2010 nos ayudamos mutuamente y que potenciamos el consumo local y el rescate animal. Respondemos a necesidades del municipio, desde comprar una silla de ruedas para una vecina a pasar una tarde con unas familias sirias refugiadas para que se distrajeran un poco de la agonía que vivieron.

¿El cambio vendrá desde abajo?
La sociedad civil se tiene que expresarse, pero también promocionar cambios que luego tienen que ejecutar los políticos. Hay que salir a la calle, crear sinergias y forzar cambios para que no nos echen a todos de la Isla.