Algunas enfermedades, como la migraña, son más comunes entre las mujeres. | R.L.

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«La enfermedad tiene rostro de mujer». Esta es la conclusión a la que llega el especialista en Salud Pública y Medicina Preventiva Joan Carles March tras analizar la incidencia de las diferentes patologías en ambos sexos. En este sentido, destaca que «la esclerosis múltiple es una patología con cara de mujer joven, una enfermedad autoinmune que afecta mucho más a las mujeres; exactamente a 2,5 hembras por cada varón. Del mismo modo, la fibromialgia afecta principalmente a mujeres; al igual que la diabetes, que tienen más incidencia por su mayor propensión a la obesidad y una esperanza de vida más alta. Además, el cáncer de mama es el tumor que con más frecuencia se manifiesta en el sexo femenino.

Otra realidad es que «desde la pubertad, ellas visitan más a los especialistas por trastornos emocionales. También sufren, con mayor frecuencia que los hombres trastornos de ansiedad, como crisis de angustia (5 % frente a un 2 %), ansiedad generalizada (6,6 % por 3,6 %), fobias (3-4 veces más frecuente en mujeres) y alteraciones de la conducta alimentaria ( el 90 % son mujeres). El insomnio también es más usual en la mujer, a veces formando parte de estas patologías o precipitado por los cambios hormonales de la menopausia.

En este punto, añade que «la anemia tiene múltiples causas, pero sin duda, la más importante debido a las pérdidas menstruales o a un sangrado excesivo durante el parto». Las hemorroides las sufren por igual ambos géneros; pero entre las mujeres son muy comunes durante el embarazo y después del parto, debido al aumento de presión abdominal producida por el feto, especialmente durante los primeros meses de gestación.

Los factores hormonales también influyen en que la migraña, una enfermedad crónica potencialmente generadora de incapacidad, que es más común en el sexo femenino, con una proporción de tres a uno y con mayor incidencia entre los 40-50 años. En algunas dolencias, el origen está en las propias hormonas femeninas -estrógenos y progesterona-, mientras que en otros casos hay una influencia genética o tienen mucho que ver los hábitos que imponen las formas de vida actuales.

En este sentido, expone que «el uso continuado de zapatos de tacón y ropa ajustada contribuye a aumentar las patologías de columna vertebral». También hay varias dolencias del aparato locomotor -artritis reumatoide, osteoporosis y fibromialgia- que también afectan más a las mujeres que a los varones. El uso de pendientes, cosméticos, tintes y perfumes hace que sea más común en las mujeres la aparición de dermatitis de contacto. Además, las que se dedican a las labores del hogar sufren más alergias por estar más expuestas a algunos alérgenos, como los pólenes de la casa o el polvo.

«Las que llevan un estilo de vida sedentario tienden a almacenar grasa, formando las temidas cartucheras; junto a las hormonas femeninas y las células grasas de la zona de los muslos, desarrollan la celulitis o piel de naranja, una alteración que afecta aproximadamente al 90 % de las mujeres. Las varices se presentan en un 10 % de la población, con una incidencia cuatro veces superior en la mujer, es decir, afecta a una de cada cinco españolas.

Enfermedades profesionales

«Las enfermedades profesionales también tienen rostro de mujer. Es importante tener en cuenta la ansiedad y el riesgo psicosocial de las féminas al tener trabajos con poco valor, salarios más bajos y la presión de las dobles jornadas, la de casa y la laboral. No obstante, precisa que «la conciliación entre trabajo y familia impacta de manera positiva en la salud de las mujeres, ya que siguen mayores conductas saludables y tienen una mejor autopercepción de su salud. Sin embargo, el 50 % de ellas espera a tener síntomas graves para ir al médico».

Por su parte, la celiaquía -una intolerancia permanente al gluten del trigo, cebada y centeno en individuos predispuestos genéticamente- afecta al 1 % de la población española, pero es dos veces más frecuente en las mujeres. La osteoporosis también les afecta más: 1 de cada 4 mujeres mayores de 50 años la sufren.

El citado especialista expone que, «si bien el consumo de tabaco no conoce de sexos, la combinación de mujer y tabaquismo constituye una compañía peligrosa. A los perjuicios cardiovasculares y pulmonares -ya conocidos- se suman los problemas en la fertilidad, el embarazo y la lactancia y los efectos nocivos sobre la circulación sanguínea en el caso de consumo de anticonceptivos orales; además de la vinculación con algunos cánceres específicos de la mujer, que se pueden ver agravados.

«Dar por hecho que las enfermedades de mujeres y hombres son iguales o que surgen y se abordan de manera similar es cometer un error, ya que en muchas ocasiones retrasa el diagnóstico precoz de numerosas patologías en el que el tiempo de pronóstico es fundamental». A su modo de ver, «el sesgo de género en la atención sanitaria se evidencia gracias a un estudio publicado a principios de los años 90 en la prestigiosa revista 'The New England Journal of Medicine'». En concreto, se demostró que en el caso del infarto, se hace un menor esfuerzo de diagnóstico y terapéutico en las mujeres que en los hombres. «El problema principal es que ambos sexos lo cursamos de manera diferente. Los hombres sufren el infarto de libro o de película, con dolor precordial, irradiación al brazo izquierdo, pero en las mujeres es mucho más inespecífico. Además, cuando el médico se da cuenta de que puede ser un infarto, a pesar de los diferentes síntomas, los resultados del electrocardiograma también son diferentes entre los dos sexos. Eso provoca confusión hasta en los propios especialistas». Para concluir, asegura que «las consecuencias de los sesgos de género en medicina son que las mujeres son peor diagnosticadas en al menos 700 patologías».