Imagen de pellets en las playas de Galicia. | Lavandeira jr

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El vertido de pellets en las playas gallegas, que ya van llegando a más puntos de la costa atlántica española, ha hecho que todo el país se pregunte el grado de peligrosidad de estos microplásticos de menos de cinco milímetros de diámetros. La principal incógnita gira en torno a su composición exacta. Hasta el momento se sabe que están compuestos en un 90% de polietileno y en un 10% de aditivo UV622, según estipula el etiquetado de las bolsas que se han encontrado en el mar.

Pese a conocer este dato, «aún hay mucha incertidumbre sobre su toxicidad», explica la responsable de Océanos de Greenpeace, María José Caballero. «Se sabe que no parecen contener aditivos químicos que sean extremadamente tóxicos, pero es necesario esperar a conocer su composición química detallada antes de sacar conclusiones firmes sobre sus efectos a largo plazo», apunta. «En cualquier caso, se trata de contaminación marina, que causa daños en toda la cadena alimentaria marina, desde organismos planctónicos hasta grandes mamíferos marinos», señala.

María José Caballero, responsable de Océanos de Greenpeace.

En esta línea, la directora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC, Ethel Eljarrat, expone que «cuando se trata de material plástico, los daños que se pueden causar son físicos y químicos». «Los animales ingieren los pellets confundiéndolos con alimento, o de manera no intencional, lo que provoca que se les obstruya el aparato digestivo, que mueran de inanición al sentir saciedad por la obstrucción o les produzcan úlceras», dice Eljarrat.

Por otro lado, al estar dispersos en el mar, actúan como transportadores, absorbiendo otros contaminantes que pueden estar en el medio marino y que se suelen adherir a objetos sólidos. Estos componentes se conocen como contaminantes orgánicos persistentes (POP, en inglés) y también se adhieren a los tejidos de los animales marinos, por lo que también actúan como transportadores de los químicos.

Ethel Eljarrat, directora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC.

Otro problema que presentan estos microplásticos es su difícil recogida, ya que al tratarse de «espacios muy sensibles a la intervención humana, como son las playas, se pueden integrar en la arena, si se hunden, y que sea imposible recogerlos», señala Caballero. En este sentido, «es muy importante coordinarse con los ayuntamientos para recogerlos. La mejor opción es acudir en grupos coordinados y, en el caso de ir a un espacio protegido, contactar con las autoridades», continúa.

Suelen acumularse en la línea de marea alta, en las diferentes líneas paralelas a la costa que van dejando las olas. La magnitud de hasta dónde pueden llegar estas pequeñas bolitas blancas dentro del mar es otra de las dudas que preocupan a los expertos, porque «depende de las corrientes de agua y de si se han roto más sacos o no de los perdidos en el mar», indica Eljarrat.

En relación al nivel de contaminación, los efectos no se van a conocer inmediatamente sino a medio plazo. «A los peces de Galicia no les ha dado tiempo a contaminarse, porque la cantidad que ingieren es muy pequeña», expone la directora. «Aún falta tiempo para que sea perjudicial para el consumo humano, lo que pasa es que la cantidades que ingieren de plástico irán aumentando día a día», dice. «Sería interesante hacer un análisis exhaustivo de los pellets para conocer si tienen componentes minoritarios como trazas de otros compuestos», concluye.