Parar a tiempo. En la imagen, las sanitarias Antònia Fullana y Josefina Font intentan tranquilizar a un niño pequeño mientras el doctor Pablo Partida localizaba una vena para sedarlo. Iba a ser operado de unos dedos. Finalmente, no lo consiguieron. | Angie Ramón

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Un niño de corta edad no deja de llorar y gritar. Le colocan en una de las camillas del quirófano en el Centro de Salud de Sanyang, en el distrito sur de Gambia. Varios sanitarios de la Fundación SOM cogen por los pies y brazos al pequeño, que tiene mucho miedo. Intentan localizar una vena porque necesitan dormirle con anestesia antes de la cirugía. Se hizo una quemadura y no puede estirar varios dedos. El    menor llora más y más fuerte, y su cara está empapada de sudor y lágrimas. Nadie consigue llegar con la aguja a una vena. Sale del quirófano sin remedio.

Hay veces en que es mejor parar a tiempo. Esta escena se va a repetir durante esta semana y se convierte en una epopeya médica para los 19 mallorquines que están en territorio africano con un proyecto cooperativo.

Son casi las nueve y media de la mañana de un día de auténtico ajetreo. El equipo balear llega y pasa junto a 38 gambianos que esperan ser atendidos. Para algunos es su primera visita. Otros sostienen en la mano su cita médica del día anterior. Los médicos, enfermeros y auxiliares se ponen el pijama (uniformes) y se enfundan los guantes. Se colocan los gorros para el quirófano y empiezan a llamar a los pacientes.

«¿Qué es lo más duro? Decir a un gambiano que no le podemos operar. Y muchos de ellos llevan esperando durante un año este momento. La decisión se toma cuando no hay beneficio para el paciente. Hemos dicho a doce personas que no. A veces son lesiones tan complejas que ni siquiera tenemos maquinaria», dice Pep Ribas, enfermero mallorquín, cuando termina el triaje. Él selecciona y pone citas. El día de este reportaje hubo 55 pacientes para curas y quirófano.

-¿Y qué cara ponen cuando le das la mala noticia?

-La de conformismo. Lo aceptan sin rechistar. Y pueden haber esperado horas y horas para que finalmente le digas un no.

Lena es una chica de 32 años y de las primeras personas que pasaron por el quirófano el pasado domingo. Le trataron una neurofibromatosis (pequeños tumores que salen en la piel) y un queloide, cicatrices engrosadas.

«Estoy un poco nerviosa», admite Lena mientras cierra los ojos cuando la enfermera Caterina le colocaba una vía en la mano derecha. Al cabo de unos minutos sale adormecida: «Estoy muy feliz», asegura.

La mayoría de operaciones son lesiones como las de Lena. Los pacientes tienen una media de 30 años. En Gambia, un tumor en la piel puede dificultar que una mujer se case, por eso intentan quitar aquellos que aparecen en zonas llamativas como la cara, el pecho o las manos. Otra chica joven llegó ayer con un tumor benigno en el paladar. Fue el gran reto del maxilofacial Miquel Àngel Morey.

Gambia amanece cada día con más de un 85 % de humedad. Ello supone un desafío para todo el equipo, que pasa jornadas largas e intensas sin casi ventilación, como los doctores Toni Ruiz y Jaume Julià, y el médico de Familia Xavi Julià. Ellos son las manos que cosen, extirpan y reconstruyen heridas.

En el exterior, separados por un biombo de la sala de espera –un banco en la calle y apartado del sol–, el maxilofacial Morey y la enfermera Tanta tienen el reto de no sudar y ver las bocas de 12 pacientes. Miquel Àngel y Tanta cumplirán 27 años de casados y es la primera vez que trabajan juntos.

El centro de salud, el único para toda la población de Sanyang, se convierte esta semana en lo más parecido a un hospital de –casi– primera categoría. Por la tarde, un adolescente entra doblado y cogido por sus familia. Delira y le dan leche. Tiene fiebre y náuseas. Es el primer caso de malaria detectado.

El apunte

La malaria, una de las mayores causas de muerte en Gambia

Según las últimas cifras ofrecidas en el informe de World Malaria Report, en el año 2021 pudieron contabilizarse hasta 213.331 casos y 615 muertes por malaria. En el centro hospitalario ubicado en Sanyang, en Gambia, aparecen diversas advertencias de los síntomas de la malaria o el paludismo en caso de que el mosquito anopheles, que transporta el parásito, te pique. Se trata de una de las mayores causas de mortalidad del continente africano, y el sistema sanitario gambiano continúa siendo, a día de hoy, muy insuficiente para contener los efectos. La enfermedad es endémica, pero la época en la que se produce una mayor transmisión se centra principalmente en los meses lluviosos. Es decir, entre mayo y octubre, de acuerdo con la información proporcionada por la Fundación iO.