Dos corredoras de montaña, en un tramo de la Serra de Tramuntana. | AETIB

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El turismo deportivo se ha erigido en uno de los pilares de la oferta que plantea Mallorca a sus miles de visitantes. Y, a su vez, sirve de motor para la apertura y el final de la temporada en el grueso de las zonas en las que se concentra la planta, apostando con fuerza en muchos casos por este perfil de visitante y la especialización de sus establecimientos y adaptación a las necesidades de una figura que crece y que, una vez finalizado el periodo estival, adquiere un gran protagonismo.

Porque los meses de septiembre y octubre (y en algunos casos hasta noviembre), especialmente este último ya con el verano finiquitado, se han convertido en una 'segunda primavera' dentro de esa temporada turística que arranca con el final de un invierno en el que el turismo deportivo supone un punto de apoyo importante y en muchas ocasiones básico para el sector. Si abril y mayo, con la llegada del buen tiempo, la Semana Santa y la celebración de eventos deportivos de gran calado, supone un punto álgido para este segmento, el final de la temporada alta (junio-septiembre) abre las puertas a ofertas alternativas en materia turística. Y el deporte, en el caso de Mallorca, ocupa un lugar notable.

Varios cicloturistas, saliendo del Faro de Formentor. Foto: AETIB

La planta hotelera se mantiene plenamente operativa, apoyándose en festividades y puentes como el del 12 de octubre o Halloween, además de periodos vacacionales de índole familiar en Alemania o Francia, que unidos a las buenas conexiones aéreas que se mantienen y la bajada de las temperaturas, junto a la cantidad de días de sol y buen tiempo, suponen un cúmulo de estímulos que convierten a Mallorca en un destino atractivo, lejos ya del éxtasis y los picos de ocupación estivales.

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«El turismo deportivo permite abrir la temporada y cerrarla a la vez, alargándola hasta el mes de noviembre en muchos casos, antes de que los hoteles afronten cierres de carácter técnico y cada vez más cortos», explican desde la Federación Empresarial Hotelera de Mallorca (FEHM). A su vez, enfatizan la consolidación de septiembre «como mes de temporada alta», remarcando el crecimiento de octubre, a lo que ayuda, además del atractivo múltiple de la Isla, «la celebración de eventos deportivos fuera de la temporada alta como tal, y que permiten apuntalar ese alargamiento de la apertura de hoteles y oferta complementaria», señalan desde la patronal.

Un grupo de senderistas, por la Serra de Tramuntana. Foto: AETIB

En esa línea están la Semana Internacional de Ciclismo Máster, el Zafiro Palma Marathon y, ya en la primera semana de noviembre, el Rolex Challenge Tour Grand Final de golf, un deporte que ofrece una planta de más de una veintena de campos de primer nivel, acompañados de muchos días y horas de sol y buen clima que también aprovechan senderistas y cicloturistas. Pero también otros deportes como el tenis, el buceo e incluso modalides como el yoga se han convertido en reclamos, junto a otro tipo de actividades como el 'Birdwatching', la observación de aves en zonas como la Serra o la Albufera. Todos ellos dan continuidad al Ironman 70.3 o la Mallorca 312, referentes mundiales en sus áreas.

Incluso el turismo deportivo, principalmente enfocado en escenarios como la Serra de Tramuntana y cada vez más en zonas consolidadas (Playa de Palma, Port d'Alcudia...) ha permitido ayudar a que «crezca cada vez más la planta hotelera que abre todo el año, rondando el 20 o 25 % del total», apuntan desde la FEHM, que a su vez recalca la aparición de nuevos mercados, como el chino e incluso Oriente Medio.

Un buceador, durante una actividad subacuática. Foto: AETIB

«El producto deportivo es fantástico en los meses de septiembre y octubre, pero también en noviembre e incluso en invierno, donde algunos establecimientos se mantienen abiertos, destacando casos como los de la Serra, y en localidades como Sóller, que son los primeros que abren», explican desde la FEHM, que apuntan que la tendencia cada vez es mayor, y en consecuencia el número de establecimientos que extienden su periodo de apertura, movidos en buena parte por el turismo deportivo, como ocurre en zonas maduras como la Playa de Palma o la zona norte de la Isla, además de casos puntuales en el Llevant, Ponent y sureste de la Isla.