Arriba, imagen de archivo del edificio del Psiquiátrico, a la derecha, las monjas que cuidaban a los enfermos en el Manicomio y abajo, el edificio en la actualidad.

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El obispo Pedro Juan Campins y Barceló colocó la primera piedra en 1906 de lo que es hoy el Hospital Psiquiátrico, antiguo Manicomio Provincial. Se sabe que a la inaugural acudió Alfonso XIII. El acto más bien fue simbólico, porque no sería hasta 1911 cuando llegarían los primeros pacientes del Hospital Provincial, centro que acogía desde mitad del siglo XV a todo tipo de personas con todo tipo de problemas que se desconocían. El traslado total se daría entre 1917 y 1920.

Las condiciones de higiene, la falta de espacio y las instalaciones que en ese momento tenía el Hospital General hacían necesario crear el Manicomio, cuyo proyecto se aprobó en el pleno de la Diputación Provincial en 1879. Todo esto lo cuenta el psicólogo clínico Guillermo Pericàs, que ha pasado 49 años trabajando en el Hospital Psiquiátrico, a través de documentos históricos y de los libros que dejó el doctor Jaime Escalas sobre la asistencia psiquiátrica en baleares en la «Clínica Mental de Jesús» –el Manicomio–.

Hay que recordar que en el siglo XVII no existían estos diagnósticos. Debido a ello, muchas familias actuaban con sus hijos, u otros familiares, atándoles en casa como animales. Enfermos, expósitos o «atontados» eran apelativos recurrentes debido a esa falta de conocimiento. De hecho, como cuenta Pericàs desde las memorias del doctor Escalas, «se denominaban dementes aquellas personas con esquizofrenias precoces».

El Hospital General llegó a tener una casa de las locas y una casa de los locos. En 1960, la reina Isabel II visitó los espacios, el departamento de Dementes, la celdas y dispensarios. Con la puesta en marcha del Manicomio Provincial, o Clínica Mental, empezó a profesionarse el servicio, consiguiendo eliminar ciertas prácticas de curación dañinas y nada científicas. «Aunque el centro se ideó con el fin de ser un lugar donde nadie les viera ni molestara, lo hicieron con buena intención porque era la época que era», explica el jefe del servicio del Hospital Psiquiátrico, Rainer Oberguggenberger.

Con el primer manual de diagnóstico de enfermedades mentales, en 1952, todo empezó a cambiar. Aparecieron los consensos internacionales entre profesionales y las primeras definiciones. «Todos los profesionales, ante la falta de su especialidad –la psiquiatría– daban nombre a algo que no sabían qué era», indica Rainer. Los psiquiatras alemanes definieron por primera vez lo que era el delirio, por ejemplo. En el Manicomio Provincial, el primer director fue Jaume Escalas de 1936 a 1961. Pero el fin de este centro clínico se daría con el doctor César Azpeleta. Desde ahí, empezó un trabajo profundo de desestigmatización y de evolución que irrumpiría en los años 80.

Por poner un ejemplo de la transformación en los tratamientos, Guillem Pericàs, en sus inicios como sirviente en el hospital, llegó a ver cómo era la práctica del electrochoque: «Todos estaban tirados en el suelo, uno al lado del otro con una manta cada uno». O por ejemplo, personas ocupando un mismo espacio en el hospital, con grilletes y cadenas.

Pero hoy en día, todo ha cambiado. La terapia electroconvulsiva, por electrochoques, es un tratamiento psiquiátrico muy eficaz para casos como la depresión crónica, y se aplica con anestesia. «Ya no hay sufrimiento para el paciente», aclara Rainer.

Psiquiatría ambulatoria
La evolución de los pacientes ingresados ha ido disminuyendo con los años, pero se ha documentado el pico más alto de internos en 1990, registrando 1.240 personas. De hecho la cifra se mantuvo más o menos igual entre los años 70 y 90, coincidiendo con la transformación de la psiquiatría, los tratamientos y la profesionalización del servicio.

A día de hoy, hay alrededor de 70 pacientes internos con estancias máximas de seis meses. El Hospital Psiquiátrico se ha convertido en el último lugar al que acudir, porque hoy el servicio está derivado a los centros hospitalarios y, en primera instancia, a los centros de salud.

El doctor Rainer destaca el equipo de seguimiento asertivo comunitario. Ahora se visita al paciente de salud mental en el hogar. «Pero sigue un estigma profesional y social», defiende, que con la remodelación del nuevo hospital van hacia un modelo abierto a la sociedad y conectado con la ciudad. «La idea es que todo el ciudadano pueda pasear por sus jardines», reflexiona. Convertir, en definitiva, en un área ambulatorio y que «nadie se quede a vivir».